Le preguntaba a mi amigo G que qué plato, le parecía a él –más allá de la tortilla de patata… fíjate que ni le digo tortilla española- que nos caracterizara como pueblo –a los españoles- si es que los españoles existimos y si es que a un conjunto de peña se le puede caracterizar por una comida.
Si me hubieran preguntado a mí a lo mejor hubiera dicho la paella –quería decir arroz guisado en paella- pero eso casi que caracteriza más a los guiris como panda de incontrolados en cualquier plaza o paseo marítimo, que a nosotros.
Parece –o estos días venían diciendo- que la tontería de España funcionaba porque existía la monarquía… más allá de eso todo empezaba por des o por in, con lo que no era –es- aconsejable conjugar ningún verbo que comience por ab y si es de la primera conjugación, además de desaconsejable, es una imprudencia.
Hace poco escuchaba en la radio a uno que había ganado en concurso mundial del mundo de tortilla española. Me parece recordar que era de Galicia ¿Betanzos? y hacía la tortilla sin cebolla, con las papas refritas y el huevo poco cuajado… pero no crudo.
A mí –que soy bien de MAD, sin que eso implique que sea enemigo de nadie de otro pueblo que empiece por B, por ejemplo Betanzos ;) me gusta con la papa casi cocida, el huevo crudo y cebolla. A una que trabaja conmigo, si ve una pizca de huevo sin cuajar le dan arcadas, no tiene opinión sobre la fritura de la papa ni sobre la cebolla. Otra que viene por casa frecuentemente no soporta ni verte picar cebolla.
Si te lo llevas al campo de tus conocidos seguro que vas a encontrar que no existe acuerdo sobre cómo es cómo es la receta de la tortilla y ni siquiera si simplemente se llama de patata o hay que añadirle española después de tortilla ¿?
Si ni en el caso de la tortilla nos ponemos de acuerdo –personalmente no considero Betanzos, o Galicia, como cuna apropiada para la tortilla española- cómo coño vamos a hacerlo sobre la marca España, la monarquía, el balonmano, los amantes y las amantes, la caza, las cuentas en Suiza, los sobresueldos, las ruedas de prensa, las mociones de censura en Ponferrada, las dimisiones, los ERE del golfo de la cocaína, la elección directa de los diputados, la inspección técnica de vehículos, Oriol, Jordi, el Palau, la reforma de la Ley electoral, las pagas extras, Bankia, los Juegos Olímpicos, las preferentes, Ánguela Merkel, el copago de la Sanidad, el precio de la gasolina, los inmigrantes y los emigrantes, la edad del matrimonio, el IVA, los millones de parados, el inglés o el alemán, la sra. Aguirre, los contrabandistas o, ni siquiera, si Felipe tiene que ser Sexto o González, puff!! qué hartazgo! parafraseando a aquel poeta andaluz: qué hacer si abres la puerta y se mete todo esto dentro y cierras y se te queda fuera un dedo :((
Estamos metidos en un buen lío. Hace tiempo que me pareció que podían ser los callos la comida que nos uniera a todos; ahora me parece que ni cuajando la tortilla pegamos esto.
Una de estas noches decía el Presidente Rajoy que la actuación del monarca el 23-F demostraba el vigor de la institución –priapismo me parece que le dicen a eso. Hace más decía otro –Margallo creo que era- que la imputación de la Infanta dañaba la marca España… robar joder! robar es lo que daña la marca, si es que esa puta marca existe.
No sé a quién le contaba que mi amiga C nos invitó a un aperitivo ilustrado por su cumple y gastamos un buen rato de charla –mi hijo debió flipar- en hacer cuentas de cuánto nos quedaba para jubilarnos.
Si tuviera que definir –ya te dije al principio que de un tiempo a esta parte lo que no empieza por in empieza por des- desesperanza, creo que usaría esa conversación para inspirarme. Pero bueno, quizá el domingo se arregle algo o si no el próximo… siempre hay futuro ¿no?
Nada, que volvía yo de Úbeda –de una excursión a los cerros de esa localidad- pensando en qué comida nos haría a todos el papelón adhesivo de la monarquía… visto que la tortilla de patata ni al propio escritor convence.
Te imaginas?? un gran crack nacional y que nos quedáramos todos unidos y solidarios exclusivamente por nuestro amor –ya habrás leído el título del post- al bacalao.
Y si lo piensas, no es una cosa carente de sentido. Si haces un repaso por toda la Península –incluidos nuestros primos portugueses que, o mucho me equivoco, pronto serán hermanos- no parece que el pescado seco sea del desagrado de nadie… hasta de los que se lo podrían comer fresco; quizá el desacuerdo venga de la forma de prepararlo pero: todos somos imperfectos.
Conste que en casa, cuando lo comemos, es fresco o desmigado tipo ajoarriero porque joder, para ser un país en el puto furgón de cola de la UE, tenemos gustos caretes: al precio que va el bacalao seco una fuente para cuatro, con alguna tajada que merezca la pena, no te baja de los veinte euros.
Bonito el libro éste del bacalao, es de 1936 con ilustraciones de Penagos, nuestro Toulouse-Lautrec; el mío es un facsímil y alguna vez lo he visto, sin estrenar, en montones de barato… sólo por los dibujos merece la pena. Dicen que hizo gráfico un nuevo tipo de mujer que hasta entonces no se había dibujado.
Había leído, cuando lo compré, que el conjunto de recetas procedían de una recopilación de consejos que venían en los envases de bacalao de unos almacenistas vizcaínos, tipo las recetas del dorso de las cajas de puré de patatas o de los congelados. Ahora no encuentro la referencia.
Las recetas son muy sucintas, la mayor parte de las veces y algunas confusas, por ejemplo: dos jícaras de aceite ¿? no sé si grandes o pequeñas… porque al final la jícara es un vaso de loza y también los aislantes de porcelana o cristal de los palos de la luz –tengo una pequeña colección de esta clase de jícaras.
Pero vaya, como repertorio de recetas de bacalao no tiene parangón, desde las más sencillas a monumentos rococó. Si lo que te mola es la filosofía y la grandilocuencia te recomiendo éste otro de Mark Kurlansky, entretenido e interesante para un tema tan pedestre como el del bacalao.
Cuando se jubiló mi padre –debió coincidir con el debut televisivo de Karlos Arguiñano- me contó que había visto en la televisión a un fulano que decía que la salsa del bacalao con tomate en realidad se hacía con pimientos secos y galletas… nunca vi a mi viejo con un artilugio de cocina en la mano, pero aquello debió causarle impresión porque había tomado nota hasta de la receta. Creo que la hicieron y no les gustó, nadie les dijo que aquello era bacalao a la vizcaína.
Yo ni idea; si tuviera que hacer un bacalao con tomate… que a efectos de acuerdo parece bastante más neutro que a la vizcaína… rebozaría bacalao en harina y huevo y prepararía un tomate frito con cebolla y un diente de ajo. Terminadas ambas cosas, le daría un hervor al conjunto, lo dejaría templar y me lo comería mojando pan y bebiendo una cerveza fría. En este caso me ahorré el hervor porque al orco no le gusta el tomate mezclado con la comida. Él es así.
La comida de la unión. No me digas que te tengo que explicar, con más detalle, cómo se hace.
Y que Dios nos proteja porque como lo tengan que hacer otros, incluidos nosotros mismos a través de nuestros representantes electos, apañaos estamos.
Beso y suerte.
El nombre parece un poco exótico, pero la realidad del caso es gastar picos de harina que ruedan por el armario –te suena? mezclados con harina corriente de súper… con mayor o menor fortuna.
Sacarás una masa no muy blanda. No te canses de amasar y sobar –yo tengo amasadora y no me canso- porque estas masas, tipo secas, agradecen mucho el cariño… sin coña.


Hace algún tiempo le prometí a mi amigo ni_colares que le regalaría algunos jabones. Tanto tiempo… que ya ni recuerdo del fausto motivo del regalo ¿te acuerdas tú?
Al final, hasta mi hijo me pegó la bronca a cuenta de que al jabón le iban a salir patas o se lo iban a comer los bichos y bien/bien tenía razón el chaval.
Joer! lo tenía todo: el jabón, unos papeles de estraza para envolverlo, una caja de etiquetas adhesivas… todito, sólo me faltaba hacer la etiqueta y enviárselo al man y a alguna pedigüeña que tengo por aquí cerca. Pues desde el mes de julio está la cosa.
Desde luego no hay mal que por bien no venga. El retraso me ha hecho corroborar que, por muchos artilugios que me invente, sigo sin tener ni puta idea de cortar el jabón y que los colorantes que uso tampoco son nada del otro jueves… y bien caros que me los cobra el tío Riesgo.
Algunos –los que quieren ser verde claro- llevan arcilla verde ¡claro! :)) otros llevan azafrán canario –a ver si adivinas el color- que me parece que le dicen cártamo.
Unos con perfume: almizcle y neroli, otros no –esos huelen un poco a rancio pero son súper guays con el agua.
Unos con colorante de jabón que quisieron ser rojos y morados y se les pasó el arroz con el verano :(( y otros no.
Después hay otro lote de transparentes con la fórmula habitual de glicerina con y sin colofonia. Los que llevan colofonia son menos transpa pero a cambio son más duros y no evaporan el alcohol con el tiempo y se hacen más delgaditos.
Yo pensaba que el asunto de Ramoncín y el © era medio de coña, pero joer!! no, el tío va bien en serio.
Tenía que llegar. Las cosas siempre llegan aunque como a Woody Allen te hubiera gustado no estar en ese momento. Pero así es la vaina. Mañana a currar.
Escribo desde la hamaca –por hacerle honores al último día- y me viene a la memoria una carrera, jugando en mi barrio de cani, la última tarde de vacaciones y pensando lo jodido que iba a ser el día siguiente sin haber hecho los deberes que me habían mandando; teniendo en cuenta que los deberes de los que hablo eran unos cuadernos Rubio, estarás conmigo en que sé de lo que hablo :))
Pues eso, que esta mañana, por fin, dije que mira que para lo que me queda en este convento paso de todo… me he ido a por el diario a las ocho, he comprado unos cruasanes y me los he leído mientras me comía El País en la terraza.
He hecho pan de escanda, dorado y rico, y me he deshuesado una pierna de cordero que me estorbaba en el congelador, he sacado unas papas crema del huerto, nos hemos comido el conjunto con mojo rojo y salsa de menta –también del huerto- y me dispongo a dormitar en cuanto termine de escribirme este post y rezando para que a mi hermano no se le ocurra darse un rulo por casa para enseñarnos no sé qué cachorro de perro que me tiene loco con el asunto. Como se piense que le va a encontrar aquí una familia de adopción, lo tiene claro.
Lo de las piernas de cordero con hueso es una deformación española producto, probablemente, de no haber tenido una Ilustración comme il faut! yo creo que no hay ninguna civilización que se atraviese eso –y menos si es tirando a grande- sin deshuesar… al final terminas comiendo tendones, grasa y carne elástica como si te estuvieras papeando a Nadia Comăneci.
Te agarras unas hojas de menta –en mi caso yerbabuena que no estoy muy por la labor de lo que comen los ingleses- y las pasas por una trituradora con vinagre suave, un golpe de aceite, sal, azúcar, un par de rebanadas de pan para espesar y un rien de pimienta. Listo, a la nevera una horita y a comer con el cordero.
Dicen que terminan las vacaciones. Ya veremos. Empecé la fiesta con buenas, y muchas, intenciones pero a medida que avanzaba el mes mi yo procrastinador se me apoderó y no he sido capaz ni de abrir la mochila con los papeles atrasados de la oficina. Si consigo pasar otros treinta días más sin abrirla, los tiro todos a la basura y empiezo nueva colección de asuntos pendientes.
Antes de ayer hice cambio de unas lentejas de la zona –marca Estón, semillas de Canadá pero criadas aquí- por un medio conejo –un conejo pequeño de esta temporada- que maté con el coche la otra noche y que no me apetecía pelar. Se lo regalé a mi vecina y me regaló las lentejas :)
No sabía muy bien cómo honorarlas y, tumbado en la hamaca – a ver si sabes lo que estaba mirando- me acordé de la gracia que le hizo a una amiga encontrase en Internet una receta antigua mía de hojas de parra rellenas… se me ocurrió rellenar las hojas con lentejas.
Depende de lo que vayas a meter en el relleno te vendrán mejor unas que otras ¿Sabes lo que te digo? que agarres las que tengan las tetas más gordas y, si eres gallego –o gallega- agarra una de una clase y otra de otra.
Para usarlas, les cambias la salmuera por agua clara y las dejas como una hora. Las sacas y, con cuidado, las extiendes en un plato –o similar- y las rellenas con lo que te pete.
Cierras las hojas con un movimiento entre hacerse un porro y un paquetito de alguna cosa y las colocas en un cazo lo suficientemente pequeño como para que te queden todos los paquetitos de lentejas y arroz más bien apretados.
Cubres el conjunto con agua, un chorro de aceite de oliva, un chorro de limón y un plato boca abajo para que no se te abran los paquetes. Cueces unos veinte minutos a fuego suavísimo lo apagas y lo dejas templar dentro de la olla. El arroz se beberá el líquido que te sobre.
Ah! qué guais son las vacaciones y el dolce far niente!!
Pues eso que saqué unas berenjenas –blancas, de semillas que me intercambio con mis amigos de
Me lo comí con un picho de conserva casera de bonito en escabeche de vinagre de cerveza –Mahou cinco estrellas, cojonudo- que hice para celebrar el 1º de agosto.