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Too old to rock and roll and other stories

Llevaba mucho tiempo queriendo aprender a hacer la salsa brava como se hacía antes en MAD: sin tomate.

Sí, la verdad es que esa salsa siempre se ha hecho aquí sin tomate. Ahora ni la encuentras hecha en casa… la mayor parte de los bares la compran de garrafón en Makro y la de los más afamados en bravas… puff!! pues no sé qué decirte, pero no me saben igual que antaño. El tiempo lo cubre todo de un suave velo, hasta los sabores.

Mi hermano todavía se acuerda de unos macarrones con tomate que se comió, en el pueblo de Sara Carbonero, unas navidades que iba de paquete en un camión averiado –que traía canales de cordero de extranjis a MAD- qué tendrían aquellos benditos macarrones?? hambre, un suave velo de tiempo y aventura… quizá; se lo preguntaré cuando le vea.

Yo todavía me acuerdo del sabor de las bravas del Areitio o Aretio en Cuatro Caminos entre Dr. Santero y la puerta de las cocheras de la EMT –he hecho un par de llamadas para documentarme bien- y nadie se acuerda del nombre justo del bar- too old to rock and roll, que por cierto en En tierra hostil lo traducen como pasarlo bien ;) obviamente no too old.

Pues aquellas bravas nos las comíamos después de salir del cine, por ejemplo, Europa o de una tarde en los billares Cristal –algún día tengo que aprender a jugar al billar francés- y en la calle había chavales que voceaban la “Z, deportiva de hoy… con los resultados de los partidos…!!! que era una hoja de papel que se imprimía en cuanto estaba el resultado del último partido –solía faltar el del Las Palmas, si jugaba en casa- y servía para mirar la quiniela, podía valer una o dos pesetas.

¿Crees que estoy hablando de 1950? no soy tan viejo. Quizá no hubiera muerto el sr. Francisco Franco, pero no le quedaba mucho; nosotros despachando cerveza con bravas –con salsa servida en botellas de Larios recicladas- y los chicos voceando la Z… en estos tiempos hubiera ido a la cárcel y mi hijo a un reformatorio :))

Recuerdo mucho aquel sabor y lo llevo buscando años. Si te vas a comprar un frasco de salsa brava a tu híper de referencia, lo vas a encontrar casi siempre con una composición de hortalizas variadas –se refieren a cebolla, zanahoria, ajo y alguna otra mierda- con algún espesante tipo E-415, goma santana [sic] y un colorante de la serie E-120, cochinilla, aunque es más frecuente el 124 que también se llama rojo Ponceau, que es bastante más barato ;) y que como colorante para jabones es una mierda pero para algún gazpacho de principio de temporada, en fin…

 

… cuando me pongo a hacer trampas, es que la clavo, joder!!!

Si pasas por aquí de nuevas –buscando la receta de la salsa brava- pensarás que de qué va éste; si eres visitante frecuente ya te habrás dado cuenta de que pego la hebra con cualquier cosa, de cualquier cosa y con cualquiera :) soy así!

Debajo de mi curro hay un bar que se llama “La Felicidad” buena gente, le hacen honor al nombre.

Ayer por la tarde terminé de leer Bajo diez banderas, pasa ratos de tardes de verano. Cuenta una epopeya de barcos en la II Guerra Mundial y termina alabando el trabajo de los cocineros de los submarinos que daban de comer a trescientos en una cocina de setenta centímetros de ancho. El año pasado en Cherburgo estuve viendo la cocina de Le Redoutable, no más de un metro de ancha y cocían pan dos veces al día. Te puedo asegurar que el cocinero de “La Felicidad” no le tiene nada que envidiar a ninguno de submarino.

Como pego tanto la hebra con él sobre recetas, pensé: voy a preguntarle a este hombre a ver si se sabe la receta de la salsa. Es muy madrileño… aquí aceptamos a todos, incluso a polakos de segunda convocatoria como yo y a los extremeños como él, le expliqué lo de más arriba… –mira chaval, yo he currao veinticinco años en Casa Benito en la Glorieta de la Iglesia y te puedo hacer salsa brava con los ojos cerrados –pues pa la puta mierda que pones con las patatas, te podías esmerar!! jodeeeé!! es que tengo la cocina [ja, ja, ja, ja!!!]  muy pequeña –submarinista- pero yo si quisiera lo hacía todo aquí… pues menudo soy!!! submarinista, el tipo debe dar ciento cincuenta comidas y el doble de desayunos y aperitivos; insisto, si ves la cocina te descojonas.

Así que nos pusimos a darle un repaso a todos los bares del barrio desde 1970 hasta hoy. Conste que yo iba –mi hijo, hoy, no va conmigo- de cortos –no me refiero a pantalones, sino a vasos de cerveza- con mi viejo y con los hijos de los amigos de mi viejo –todos bebíamos lo mismo- y tengo una memoria –hoy por hoy, puff!! casi fotográfica, por lo que le di un repasito al cocinero de “La Felicidad” en bares y podría haberlo hecho en todos los putos cines que había desde la Plaza de Castilla –por Bravo Murillo- hasta la Glorieta de Bilbao, incluidos los de las calles adyacentes –no me retes ;)

Pues el cabrón estaba dando las mismas vueltas que estoy dando yo para decirme la receta – la vraie re7– de la salsa brava de los h*ev*s!!

Se tuvo que bajar del carro cuando se dio cuenta –por mis credenciales- de que tenía y tengo derecho a esa información y, a base de darle leña, cantó el mono.

Para un litro de salsa te tienes que agenciar uno o dos pimientos rojos o verdes, tres o cuatro dientes de ajo, un par de guindillas secas, algo más de media barra de pan –tipo pistola- pimentón dulce –por Dios no me uses pimentón picante- sal, vinagre y aceite.

Por un lado fríes las rebanadas de pan y las escurres bien. En un poco de aceite fríes cebolla, ajo y pimiento en trozos. Problemas: esos ingredientes van de punta a punta en los tiempos de fritura así que tendrás unos quemados y los otros a medio hacer. Tú misma. A mí gusta el gusto del ajo quemado así que di por bien empleado el error de novato.

El día de antes remojas las guindillas y les raspas la carne. Cuando tengas todo frito le añades la carne de las guindillas y le das un par de vueltas. La parte más delicada del asunto es el pimentón. Si pasas del rojo Ponceau –en el envase dice: colorante artificial para productos alimentarios, utilización limitada- el rojo de la salsa –nunca ha sido roja, era naranja- te viene del pimentón. Mal asunto.

El pimentón se oscurece con la fritura y como se te queme ya puedes tirarlo todo. La salsa siempre ha sido naranja, Patxi, te pasas conmigo cuando me dices que le falta color. La solución del submarinista es refreír el pimentón con las rebanadas de pan fritas dentro de la sartén. Mi dispiace, pero si se hace así hay parte del pimentón que se queda crudo y eso no puede ser bueno para la salud :))

Lo hagas como lo hagas tienes que freír el pimentón y eso te va a quitar rojo… salvo que –anatema- le añadas tomate… o E-124 je, je, je!!

Pues cuando lo tengas todo lo pasas por la minipimer y le añades agua, un poco de vinagre, la sal que le haga falta. Cuando lo tengas en el sabor y consistencia que te guste lo pasas todo por un chino y listo. Comme ça…

Tres cosas para terminar

1)  probablemente te interese comer esta salsa con patatas: patatas bravas; se decía y se dice que las papas bravas de cuecen primero y después se fríen. Es mentira. El caso es que el tamaño y la forma de las patatas tal como se comen en MAD hace que tarden mucho en hacerse –para quedar hechas por dentro y crujientes por fuera- así el que tenía que poner cien raciones en una tarde primero las cocía un poco en aceite y después las dejaba amontonadas –a poder ser contra el escaparate del bar para que se viera el montón- hasta que tenía que sacarlas; entonces les daba otra vuelta con la freidora a todo volumen para tostarlas y botella de Larios por encima… ¿sabes por qué? porque cuando las botellas no eran irrellenables las de ginebra eran las que tenían la boca más ancha y como en MAD se bebía poco la Gordon’s  ;) pues Larios.

2) por supuesto que le llevé a mi primo Patxi un frasco de salsa brava con su receta y mis manos; su crítica: falta color, está poco picante, sosa, sabe mucho a ajo frito, de textura bien. Conozco poco al tío –más allá de trato cordial en el bar y de verle como funciona en su curro- pero me da la sensación que si sólo me dijo eso, es que la salsa está de puta madre. Eso sí, cada vez que bajo a tomar algo con alguien, el aperitivo son patatas con salsa brava… y –la ha hecho él –o sea, yo- joer, es que le tienes que poner más color y un poco más picante y está sosa, de textura te ha salido bastante bien… un tío grande el tío Patxi me cae muy bien, a ver si se le acaba pronto el frasco ja, ja, ja, ja!!

3) Too old to rock and roll: too young to die! es el título de un disco/canción, seguro que lo conoces

la traducción a un castellano potable no es, a mi juicio, sencilla. Seguro que pasa por aquí alguien que le va a poner luz al asunto… la fácil ya la lees: demasiado viejo para el r&r: demasiado joven para morir! si hacemos caso al traductor de la Bigelow sería: demasiado viejo para pasarlo bien… etc… o también –el orco, bendita niñez, 91/100 en el examen PET, vaya mierda de nombre, con acento de Joe Strummer porque sólo practicamos traduciendo canciones de los Clash, dixitnunca se es demasiado viejo [fin de la traducción] quizá ha estado escuchando a Jethro Tull a escondidas???

¿con cuál te quedas?

bss

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Ostras y champán

Esta mañana, entre convocatoria de Consejo y charlitas con el Secretario para que firme sin leer –o al menos que no lea mucho- le contaba a una amiga mía, que anoche estuve en el concierto de Mark Lanegan y que una de las cosas que más me gustó es cómo se presentó el fulano: él, un guitarrista, luces azules y rojas y el vacío…

Tengo mucha experiencia en conciertos. La música en vivo –y el champán y el champán- quizá sea, con el zumo de naranja y los besos –sobre todo, pero no exclusivo, los de mi hijo- lo que más me gusta mundial del mundo.

Colecciono las entradas. Las tengo expuestas en un pasillo oscuro para que no pierdan el color,  debe de haber unas ciento cincuenta y otras tantas guardadas a la espera de una oportunidad –que no llegará- de pasillo más largo, así que sé de lo que hablo en materia de música en directo.

Estos párrafos como introito para decir que es en este tipo de situaciones cuando los músicos dan la talla de lo que son. Vaya por delante que ML me parece es, quizá con Jack White y QOTSA, lo más interesante lo que más me gusta del panorama y no te pienses que voy sólo de ese palo… te diré, que si el día 22 llueve y consigo espantar a unos gorrones que tengo a cenar en la terraza de casa me iré, con mi orquito, a ver a la Mala Rodríguez y busco desesperadamente canguro para el 25 darme un rulo a escuchar a Stacey Kent.

Soy parcial, pero ya hay que tener que decir para ponerte ante cuatrocientos tíos, hora y media, sin parar, sin presentar las canciones y sin interrupción entre una y otra, de pie, con un guitarrista y dos bombillas de colores ¡¡!! No sé si algún día un concierto de Bruce Springsteen en un estadio de fút me aportó algo, supongo que cada edad tiene sus acontecimientos, pero ahora tengo claro que o el músico me convence con argumentos o si no, prefiero darle la pasta a los tíos de las luces, los escenarios y la coreografía y yo quedarme tranquilamente en mi kel escuchando a Porta y a Bon jobi con mi hijo.

He estado buscando vídeos del concierto de anoche pero no hay nada, quizá sea pronto. Sólo tengo unos míos que son una basura… pero te haces una idea

se corta cuando viene una piba pipa y me da la barrila para que deje de grabar, creo que se oye en la grabación, en fin.

Memorable presentación: veintitrés euros… los tres son por hacerle el favor al sr. Joy de comprar la entrada por Internet –con mi conexión- e ir yo a por ella, en mi buga y pagando yo mi gasolina y además perder el tiempo con una amable señorita para que me quitara del precio otros tres de un seguro de anulación que no quería para nada aunque a ella le pareciera interesantísimo.

Salimos y nos fuimos a cenar al Mercado de San Miguel. Atención: domingo, once y media doce de la noche, mediados de mes, crisis galopante y no sé cuántos millones de personas en el paro… de bote en bote… peña cantando, comiendo, riéndose… unos precios!! y se queja la gente de BCN… anda que Madrid!

Pedimos ostras y champán y de postre macarons –que… bueno, le apetecían a mi amigo A- estaba bueno todo, yo hubiera preferido Taittinger pero esa noche tocaba Pommery ¡! ni te cuento por cuánto salió la broma y total para que a mi primo le sentara mal e hiciera lo de los turistas por los rincones.

Pasaporté a éste a su casa cuando se le pasó un poco el, vamos a llamar, corte de digestión y me piré para la mía esquivando controles –algún ingenuo había pensado que el Real Madrid podía ganar la liga- y más contento que unas castañuelas con la elección de la música.