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Como lágrimas en la lluvia…

… se perderán todos esos momentos, decía –aproximadamente- Roy Batty en Blade Runner. Me viene al caso en estos días de aniversario de la peli y de adioses momentáneos en casa.

El otro día me pasaporté al orko un mes a Irlanda. Él es un tipo que nunca deja de sorprenderme, sobre todo en sus aspectos sentimentales. Quizá es porque no le presto mucha atención a esas cosas, ni siquiera en él.

Siempre tengo la sensación de que la gente que hay a mi alrededor es plana en esos menesteres. De que ellos van a su rollo y yo al mío y de que ya tuve mi ración –sobrada- de sentimientos en su momento y no quiero más. El subtítulo del blog es como un extra atrofiado.

Pero de vez en cuando me asaltan momentos que me hacen pensar en los de los demás hacia mí y en concreto en los de mi hijo. Joder, la peña no es plana como yo pensaba –en eso ya sabía que estaba equivocado- pero sobre todo me asalta que yo cause en los demás inflexiones en sus sentimientos. Esto último me resulta sorprendente. Creía, ya lo he dicho antes, que todos íbamos a nuestra película.

Pues me resultó muy chocante el día que le dejé en el aeropuerto. La cosa como el post de hoy empezó salada. Comimos pronto y nos pusimos a ver una peli. Nos quedamos fritos como piojos y ring, ring: –oiga no piensan venir a agarrar el avión?? es que sólo falta su hijo –jodeee!!! perdone la verdad es que vivimos tan cerca del Barajas [sí pero no] que pensé… no se preocupe que estamos allí en un pispás… ñññññaaaa!!! no veas cómo corren los toyotitas cuando les pides ja, ja, ja, ja!!!

Y allí nos presentamos un cuarto de hora después, con legañas, en chanclas, sin bocadillo… un desastre y más al lado de los papás –y mamás- que traían a los niños de fuera –y de MAD- que se habían endomingado como para despedir al Titanic, de nuevo ¡qué desastre!

Facturación, pasaporte… oye, perdona de nuevo la verdad es que no sé cómo nos ha pasado esto –cualquiera le dice que estábamos durmiendo delante de una película de submarinos!! Me giro para darle el último empujón a éste y me lo encuentro con dos lágrimas cayéndole hasta la barbilla.

Tía me quedé a-co-jo-na-do y fíjate si soy gañán, que lo primero que me vino a la cabeza es: hos…tias, ahora no quiere pirarse!! y no, no era eso, era que le daba mucha pena que nos separáramos. No supe ni qué pensar.

Me relajó que en la cola del embarque ya se iba descojonando con otro y se olvidó la mochila con los papeles y los doscientos palos –en billetes pequeños- que llevaba, en una bandeja sucia de esas que te dan en el control.

Seguro que a la vuelta no trae exceso de equipaje, de hecho me llamó desde Dublín a las once de la noche para que le pusiera saldo en el teléfono mientras esperaban las maletas que venían desde Viena porque a algún –o alguna- capullo –o capulla- se le ocurrió que, mejor que en inglés, las maletas practicaran en alemán. Los del handling de Iberia son la leche.

Me fui de la T4 jodido con las larmes de mi hijo. Hace mucho tiempo que no lloro y se me hace difícil recordar a qué sabe una lágrima ¿tú te acuerdas? me parece que eran saladas. No sé.

Para festejar la soltería, al día siguiente me fui a currar a Valencia y me traje –a cuatro palos los cien gramos- unos poquitos tallos de salicornia, en francés salicorne, que es una plantita muy curiosa que crece cerca del mar, incluso con las raíces en el agua salada.

En castellano le dicen también barrilla y si pides barrilla en La Mancha te darán una bolsa de sosa.

Esto lo usaban mucho, quemado, para hacer jabón porque las cenizas son muy ricas en carbonato sódico. Ya sé que en La Mancha no hay mar pero debió de haberlo porque la barrilla también se cría en los salitrales de la zona. Allí alguna gente le llama cenizo; confundidos… porque el cenizo es lo que echa ajonjolí a las ensaladas –chenopodium no sé qué- y la barrilla son los matorrales que se ven dar vueltas por el campo, los días de viento, en las películas del oeste.

Paseo poco por la playa, pero a veces las he visto y en Francia las he comido encurtidas y fotografiado en alguna ocasión.

Como te contaba ya no me acuerdo de a qué saben las lágrimas pero seguro que tienen un sabor parecido  a los salicornes, ásperos y salados, muy salados.

Esta tarde después de un curro áspero, con una rebanada de pan de centeno y chorretón de crema de cangrejo con eneldo de IKEA, el eneldo no es del cuento.

Bss. Au.

Ya me gustaría disculparme muy mucho con el retraso que llevo en preparar los jabones de mi primo nicolares ¿podrás perdonarme algún día?

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