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Pollo asado en cinco horas

Esta entrada fue publicada el once de febrero de 2007 en otro blog que tenía y que por algún misterio de la ciberciencia vuelve a verse  ¿? y no puedo cerrarlo porque no me acuerdo de la contraseña… o eso creo; está casi tal cual…  es una manera simpática de hacer pollo sin manchar el horno

A ver si os gusta.

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hay que acordarse de cortar una esquina de la bolsa antes de meterla al horno

la bolsa se hincha mucho durante el asado procurad que no toque las paredes del horno porque se quema

resultado: las verduras las tuve que meter un poco al micro porque me fui con juancito a tomar el vermú y se me fue el Santo al Cielo

Pues está es mi receta para el HEMC del pollito. Me da lata no haberme podido presentar a los anteriores pero he estado bastante enmogollonadocon más cosas -lo estoy todavía- y tenía esto de las recetas un poco olvidado.Hoy me presento con esta curiosa receta de pollo que saqué de la página de un francés que se dedica a fabricar hornos de leña. Menuda afición.

La cosa es bastante sencilla: se pone el pollo en una bolsa de horno -atención aunque parezca de plastiquiki corriente es de nylon, nylon viene de New York NY y de Londres donde, parece ser, que se inventó el polímero simultáneamente- y se deja tres horas a 150ºC sin ocuparte de nada.

Pasado este tiempo se abre la bolsa, se saca el pollo a la fuente y se le añaden las verduras. Otra vez al horno a la misma temperatura, rociándolo con caldo o con agua, cada 15 minutos, durante otras dos horas.

El resultado es sorprendente. Te da pena hacerlo con aves pequeñas -pero somos dos en casa- porque le receta se revela para pájaros gigantes -podría entenderse pollones pero me refiero más bien a capones, pavos, pulardas, etc.- la carne queda súper hecha, no hace falta cuchillo para trichar. Me recuerda mucho los pollos del Rubí de hace 30 años. Vueltas y vueltas durante toda la mañana.

Y la verdura, ¡qué decir!, entera por fuera y fondant por dentro. ¿Añadidos a la receta? pues simplemente sal, limón exprimido y un bouquet de laurel, tomillo y romero dentro del animal.

Valor añadido fundamental: el horno no se ensucia ¡Animaos a hacerla!

Salud

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Gombos (Okras) guisados a la mode de la Luisiana, con arroz y pollo

Siempre me pasa lo mismo con el congelador. Desde que empiezo a pensar en vaciarlo, hasta que lo vacío de verdad pasan meses, con temporadas en las que en vez de vaciar vuelvo a llenar.

Al final me lío la manta a la cabeza, vacío, tiro y, según la época, con un calefactor le saco los cuatro o cinco dedos de hielo que tiene, encharco la cocina –es un conge vertical y muy grande para los habituales- lleno la nevera con todo lo no tirable del conge. La pongo al máximo para que no se descongelen las barritas de merluza. Descongelo. Devuelvo las cosas a su sitio, se me olvida bajar el volumen de la nevera y se terminan congelando los yogures, la fruta y la leche, en fin.

Ha habido años que también se me ha olvidado encender el congelador después de rellenarlo y al cabo de los días: qué mal huele, qué mal huele!! todo a la basura.

Este año he tardado en tomar la decisión, más o menos desde junio hasta el domingo pasado. Tomé todas las precauciones y conseguí salirme sin excesivas pérdidas.

De entre todo lo que encontré entre los restos de la pequeña edad del hielo aparecieron estas okras de la temporada pasada. Este año no he sembrado. Se daban bien pero me ocupaban mucho sitio en el huerto de bolsillo y les regalé las semillas a unos amigos que no han tenido mucha suerte con la planta. Para mí, tenerla era más exotismo que necesidad, sobre todo porque en MAD si vas a los barrios adecuados es relativamente fácil encontrar.

Las congelé sobre la marcha después de escaldarlas un par de minutos.

Tampoco te pienses que la verdurita es la gran vaina. Tiene forma de pimientito, un sabor indefinido a verdura entre judía verde y cardo y textura entre judía fina y judía con muchas hebras, según el tamaño.

Mi habitual tendencia a la procrastinación hace que muchas de ellas podría haberlas utilizado, en su día, para semillas porque estaban incomestibles de duras y con las semillas totalmente maduras.

Los frutos hay que recogerlos inmaduros y además es una planta como el calabacín, que cuantos más frutos le quites, más da. Bueno si tienes espacio en el huerto, las semillas –industriales o de agricultura biológica son fáciles de encontrar. Para consejos sobre el cultivo dirígete a webs especializadas ;)

La receta, que no sé es muy cajún, la saqué de un blog gabacho y bueno pues tal cual la he hecho.

Necesitarás aceite de oliva y un par de cucharadas de harina para hacer un roux –el mío no muy oscuro- Cuando lo tengas le añades una cebolla y un pimiento verde picados.

Le das unas vueltas, lo haces un poco y le pones una lata de tomates pelados y picados. Lo iba a hacer con tomates de los míos pero me dio una pereza horrible escaldarlos y pelarlos.

Vueltas, vueltas, vueltas y le añades una hoja de laurel, tomillo, una guindilla o menos, sal, pimienta  y caldo de pollo o similar. Cueces todo unos quince minutos y le añades los gombos –sin rabo- que cueces de nuevo hasta que estén tiernos, otros quince minutos diría yo.

Te saldrá un guiso con una salsa espesa y oscurita. Sabrosa y rica… tampoco para tirar cohetes.

Mientras tanto te preparas unos trozos de pollo deshuesado, sin piel ni grasa. En nuestro caso tres contramuslos de gasolinera. Los abres un poco, los salas y los embadurnas con condimento cajún. Una especie de condimento canario, tipo salmorejo, pero en fino y caro. Una parida como otra cualquiera.

Me lo agencié en una tienda de especias que hay –o había porque no le auguro mucho futuro a esa y a otras tiendas de paridas que han abierto- en Malasaña… y además es que las tías que la atienden no están muy puestas… entré a comprar sassafrás y la tía pretendía venderme la moto de que era un colorante… les hice sacar el libro –verídico, tienen un par de libros de especias en inglés y con eso preparan todas las mezclas- y me reconoció que no sabía lo que era y que lo estaba confundiendo con cártamo –azafrán canario.

Fríes el pollo con el fuego suave –para que no se queme el adobo- y lo sirves con un poco de arroz blanco.

Si te animas te gustará… es un plato curioso.