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El galeón de Manila, la Mercedes y la galleta

Yo de jovencito quería ser marino. Me lo pegó mi viejo, que no es que quisiera ser marino pero le gustaba el descubrimiento y la aventura. Todavía me acuerdo de su cara un día que me contaba cómo hacer islas artificiales de hormigón donde se podía vivir y navegar, quizá leyó muchas novelas  de Salgari y vio muchas veces Tres lanceros bengalíes ¿?

Como a los dieciséis años tomé una de esas transcendentes decisiones, de esas que marcan toda una vida y me decidí a contarle que yo lo que quería era embarcarme y dejarme de hostias de abogados, ingenieros o arquitectos y todavía me acuerdo del puñetazo que le metió a la puerta de su habitación cuando se lo dije. Todavía está el abollón en la puerta, ja, ja, ja, ja!! gracias papi por ayudarme a decidir. Finalmente seguí otros derroteros académico-laborales que me llevaron a ser oficinista, en fin!!

Pero nunca dejé de sentir una cierta admiración por la gente de mar. La sigo teniendo, no me niegues que hay pocas profesiones que te permitan hundir un barco con y pico mil pasajeros mientras tú te estás zumbando a una moldaba y bajarte del paquebote, con la elegancia que lo hizo el italiano aquel hace unas semanas.

Sí, la audacia de la aventura me cautivó y me cautiva. Audentes o audaces fortuna iuvat –libre: la fortuna le sonríe a los valientes- decía Virgilio en la Eneida o, en otra parte: quien no arriesga no pasa la mar.

¿Te imaginas? un montón de gente se sube en tres carracas de madera –el equivalente a un transbordador espacial de la época- y navegan hacia el oeste. Los que saben algo del asunto sólo saben que la tierra es redonda, que una corriente lleva hacia el oeste, que del este viene otra corriente que trae flotando cosas raras que no hay en Europa, que algunos curas, en algunos monasterios, saben que doscientos años antes hubo gente que llegaron a otra tierra diferente y que los marineros de Bilbao, naturalmente, traen bacalao de un banco muy lejano, al oeste, desde el que se ve tierra firme –Terranova creo que le dicen a esa vaina- y al que se puede llegar por una ruta norte y volver por una ruta este… pero no se lo quieren contar a nadie ja, ja, ja, ja!!! cómo son los de Bilbao: Dios está en todos los sitios pero ellos, ya han estao!!

Mira el mapa; si te fijas en el dibujo de las corrientes te darás cuenta de que esos viajes se pueden hacer casi en una colchoneta. Pero en 1500 había que echarle huevos al asunto y, lo más importante para mí, ahora que soy sólo oficinista, había que echarle huevos para gastarse el pastizal que vale armar tres transbordadores espaciales y mandarlos a buscar qué había más allá. La fortuna les sonrió a los audaces marinos y a los audaces economistas ;)

Fíjate, la cosa tiene una curiosidad… las corrientes giran en distinta dirección en el hemisferio norte y en el sur y tanto en el Atlántico como en el Pacífico. En el hemisferio norte el viento y las corrientes giran como las agujas del reloj,  en el sur al revés… en la línea ecuatorial pues pichipichá, ahora sí, ahora no… es difícil navegar a vela en las zonas ecuatoriales, si te acuerdas de una peli de Gregory Peck, El hidalgo de los mares –propaganda gringa- tienen que atravesar el Ecuador navegando arrastrados por barcas de remos. Películas.

Ahí le he hecho unas fotos a la bola del mundo de mi hijo para demostrarlo :))

Pero, por algún motivo, dependiendo –el motivo- de cuál sea tu sardina y la fuerza que tengas para arrimar el ascua a la misma,  ese sistema de corrientes y vientos ahora no está tan claro y está contribuyendo al cambio del clima –lleva agua fría donde antes era caliente y al contrario-  no sé si para bien o para mal.

Pues esa gilipollez de que los vientos funcionen de una forma u otra, dependiendo del hemisferio tenía su aquel político/económico. Era muy difícil navegar a vela hacia el oeste desde la costa de Perú o de Méjico y más difícil aun volver.

Para ir había que bajar mucho hacia el sur y para volver, subir mucho hacia el norte. No es por casualidad que los españoles se dedicaran a coleccionar islas –que se quedaron, compradas, los alemanes a finales del siglo XIX y principios del XX por el Pacífico norte y sur y que los ingleses y portugueses coleccionaran islas y bases en las costas de China, se necesitaban para repostar los barcos porque el asunto de la comida y del agua era un tema bien salado –nunca mejor dicho- en aquella época.

El Galeón de Manila hacía ese viaje en tres o cuatro meses de ida y cuatro o cinco de vuelta, tenía que bajar desde Acapulco hasta agarrar los vientos del oeste y llegar a las Filipinas; de allí subir hasta Japón para enganchar la corriente de Kuroshio que llevaba al barco hacia el este, no se sabía muy bien adónde.

Wikipedia

Mira el mapa de las posesiones españolas en América a comienzos del siglo XIX. Llegan hasta Alaska ¿? pues porque el/los barcos salían de Asia, pero no tenían claro a qué altura de la costa iban a llegar y por eso se necesitaban bases de aprovisionamiento en toda la costa oeste de América del norte. ¿Curioso, verdad?

Después bajaban hasta Acapulco descargaban lo que habían robado en Asia, lo llevaban a Veracruz y de ahí a la península, si había suerte con los tifones… porque lo de los piratas y los corsarios es más bien propaganda inglesa; las flotas militares españolas le dejaban muy pocas oportunidades a los barcos de guerra extranjeros y casi ninguna a los piratas –que si agarraban algo eran de flotas comerciales protegidas por barcos artillados que se contrataban al efecto- casi todos los que se iban a pique era por los temporales y tantos siglos robando, pues dejaron muchas cosas en el fondo :))

Cuando lo que robaban venía de América del sur, fundamentalmente plata de Perú, el viaje se hacía de otra manera. Subían costeando hasta Panamá y de ahí por una carretera real se llevaba a Portobello, lo embarcaban otra vez y se lo llevaban. El problema de Portobello era que la flota inglesa siempre estaba bloqueando el puerto y era un follón salir.

Y no te pienses que utilizo robar porque –aunque lo piense- sea cosa mía. Si alguna vez tienes la posibilidad de rular una temporada larga por América del sur te darás cuenta de que todo el mundo usa esa expresión para referirse a la colonización española.

Por ejemplo, si vas a la isla de Contadora –que está en un archipiélago que se llama las Islas Perlas- te explicarán que cuando los españoles terminaron ¿terminamos? de robar toda la plata de Perú la emprendieron con las perlas. Precisamente en Contadora estaba el centro de clasificación de todo lo que llegaba de Perú y lo que sacaban del mar allí.

Por eso el viaje de la Mercedes para traer aquel último cargamento de oro y plata tuvo que llamar mucho la atención a los espías de todos los puertos de América, porque el barco, según he leído estos días, fue a, y volvió de Perú, doblando el cabo de Hornos. Me parece un poco raro que lo hicieran, sobre todo la vuelta cargados de plata y oro, por el cabo, quizá usaron un canal tipo Beagle.

Por cierto, el otro día me enteré por qué los marineros que doblaban el cabo ¿lo sabías? se ponían un pendiente de oro cada vez. No era para hacerse los chulitos, era porque tenían tan claro que se iban a ahogar –de hecho muchos preferían no saber nadar para morir lo antes posible- que llevaban uno o varios pendientes para que si un alma caritativa encontraba el cuerpo flotando, gastara un poco de ese oro en amortajarles y, si era posible, darles sepultura.

Pues eso, que la Mercedes salió de Perú hasta arriba de plata, volvió el cabo y, desde Montevideo, regresó a España con otros barcos.

Cantaba hasta Gibraltar que venía hasta arriba de cosas ricas, pero hay que tener en cuenta que en aquella época la flota de guerra española era la más moderna del mundo –cosas de la Ilustración que después jodieron los que ganaron la guerra contra los franceses, los cien mil putos hijos de San Luis y, últimamente, el General Francisco Franco- y si un barco podía hacer ese viaje con seguridad, era español; probablemente la Mercedes, que sería de lo mejor que había –historia ficción- en barco, en tripulación, en mando y en armamento.

De hecho, además del tesoro, en la Mercedes viajaban la mayor parte de las familias de los jefazos del resto de los barcos de la flota, pero, pero, pero… les estaban esperando los barcos amarillos y negros. Dicen que la Mercedes hizo una maniobra de huida y que de un cañonazo mal dado echaron a pique el tesoro, las familias y el barco, qué difícil es que le metan un cañonazo a la santabárbara de un barco… sólo lo he visto en Hundid el Bismarck, no sé si pensar mal.

Los otros, después de un viaje desde Montevideo probablemente ni entablaron combate en serio. Fin del cuento.

Ahora debatimos sobre dónde y quién se va a quedar con las moneditas  que les hemos levantado a los gringos, después de que ellos hicieran el trabajo duro, ja, ja, ja, ja, ja!!! la venganza por Torrejón, Palomares, Cuba, Filipinas y alguna que otra tropelía más que nos habrán hecho :))

Llevo semanas escuchando declaraciones y opiniones sobre el asunto; creo que sólo me faltan escuchar las de Torrente y Paquirrín. Pero no he oído ninguna sobre por qué no se las devolvemos a quien se las robamos. No creo que la suma de todo ayude a que mejoremos la deuda no sé cuantita y a que me devuelvan los cien euros que me han descontado de más en la nómina de febrero. En fin ya me dirás qué opinas.

Pero bueno, lo que me traía hoy por esta derrota1 –acepción 3- era la comida y la bebida de la gente que se embarcaba en esas megaepopeyas. Como te puedes imaginar el asunto de la conservación era la madre del cordero; la comida iba seca o viva y si no res. Como el sr. Pasteur no había nacido, tampoco había conservas aunque, juro, yo estuve en París el año del doscientos aniversario de la Revolución viendo una expo en La Villette sobre objetos cotidianos –originales- de la época y había frascos de cristal con vegetales en conserva ¿?

Así que la dieta consistía en legumbres –menestra: mezcla de arroz o habas con garbanzos- carne, tocino y pescado salados, aguardiente o vino, aceite, vinagre, pasas, higos secos, queso, agua, galleta y, en época de escasez, carne de rata.

Te puedes imaginar: comer alimentos conservados en sal en un sitio donde escasea el agua dulce… puff!! menos mal que el ron también calma la sed ;)

Otro problema eran los bichos, se dice que, cuando se podía encender fuego, se cocinaba de noche para que la gente no viera lo que tenía la comida.

En muchos sitios he leído las raciones de las diferentes armadas y siempre me ha llamado la atención la cantidad de alcohol que se echaban al coleto. Por ejemplo en la armada española tocaban a dos pintas de vino por cabeza y día… si son las pintas de ahora es casi una botella. Los ingleses dos pintas de grog o de ron y los franceses cuarto litro de vino de gran calidad ¿? supongo que después de Napoleón porque antes no existía esa vaina del litro y el cuarto :) y aguardiente de caña.

Hay un ensayito de Juan Cartaya La alimentación de la Armada española…etc. que cuenta muchas curiosidades sobre el asunto, pica en el título y te lo bajas para divertirte.

Bueno, había muchas vainas pero lo más importante era la galleta, bizcocho o biscuit que era el alimento que más se embarcaba y el aporte calórico mayoritario de los marineros.

Bizcocho del latín bi-coctus –si te digo que coctus es cocido- ¿a ver si sabes qué significa? a través del italiano biscotto –cocido dos veces- o, en francés, biscuit  de bis y de cuit ja, ja, ja ! que es le résultat de l’évolution linguistique du terme «besquis» qui, au Moyen Âge, faisait référence à «des petits pains que l’on appelle besquis parce qu’ils sont cuits de deux à quatre fois». Ce terme vient lui-même du latin «panis biscotus», signifiant «pain cuit deux fois», et dont on trouve les premières occurrences dès le Xe siècle. En castellano galleta es, como te digo, lo que más comían esos pavos. Mezclado con todo o, según como fueran las cosas, sólo con los gusanos que llevaba dentro.

Si se acababa la galleta mal iban las cosas. Si te lees el texto de Cartaya te darás cuenta que la flota española estaba tan bien organizada que dos de cada tres veces se tenían que volver porque se les acababa la comida ¡¡!! cosas nuestras. De hecho, en francés se usa s‘embarquer sans biscuit para referirse a hacer las cosas o liarse en negocios sin ninguna precaución.

En una novela de Patrick O’Brian –el de Master and commander- creo que en  Capitán de navío están atacando un barco español, al que pillan en bragas, Aubrey le dice a Maturin: una cosa que tienen los españoles es que nunca, nunca, nunca, están preparados!!

Otro problema era la calidad de los abastecimientos, parece ser que lo de los ERES, las tramas y los Institutos no es de ahora.

La composición habitual de la galleta era trigo, cebada o trigo y cebada y otras veces harina de yuca –pan de cazabe- de maíz o de plátano.

Pero muchas veces se adulteraba con otras cosas –atención a la discusión sobre el adulterio del pan- sobre todo con una cosa que se llamaba –y se llama- ballico y que engloba a una serie de gramíneas que engordan la harina, ennegrecen el pan y lo estropean a medio plazo.

La galleta bien hecha –gusanos sobrevenidos aparte- tiene una conservación casi indefinida. No hace muchos años –unos tres- los ingleses destruyeron las reservas estratégicas de galleta que tenían para alimentar a toda la población tres meses en caso de guerra con los rusos. Las fabricaron después de la Segunda Guerra Mundial y estaban envasadas en latas metálicas. Cincuenta años después eran comestibles.

Como te puedes imaginar no tengo una receta precisa de la galleta española –ni de la inglesa :)) lo único cierto que te puedo decir es que se hacía sin levadura. Me da la sensación de que sólo para que abultara menos y se pudiera almacenar más en menos volumen, porque el pan se terminaba comiendo remojado.

En fin que no sé. La técnica es la misma que la de estos skorpor. Yo he usado una harina candeal corriente; si usas harinas con más fuerza tendrás problemas para extender la masa y hacer la galleta. Agua, sal y un poco de levadura seca, para que no me quedaran muy mazacote.

Amasar, dejar fermentar una horilla, extender la masa, hacer las galletas, dejarlas reposar otra hora y al horno a 180ºC. Cocer 20 minutos sin dejar que se doren. Sacarlas, enfriarlas y otra vez al horno hasta que se queden crujientes. Las guardas en una lata y si después de cuarenta años no te las has comido, las tiras.

Para terminar la recreación histórico-gastronómica le hicimos los honores a las galletas con un salazón de atún rojo conservado en agua-sal. Cosas de Almería.

Me lo regaló una compi de curro –gracias V, no sabes bien el placer que me causa poder delegar las cosas con garantía de que se van a hacer bien- y está hecho directamente en la barca que lo sacó del agua. Producto de máxima calidad.

La piba que me lo dio, insiste en que es atún, pero por los dibujos de la piel a mí me parece que es una caballa gigante ¿? La carne parece de atún. Sea lo que sea está de puta madre.

Lo sacas de la salmuera y lo lavas bien con agua, lo dejas secar en la nevera una noche. Al día siguiente estará tieso como la mojama, lo cortas en láminas… estará todavía muy salado… y lo dejas a remojo una hora. Regado de aceite, un chorrito de vinagre casero de cerveza –Mahou cinco estrellas ;) un poco de ajo y perejil picados y para el body.

Si no te lo comes todo, lo puedes guardar temporada en un frasco con aceite de oliva.

A lo mejor fue lo último que cenaron en la Rayo. La Rayo era una cañonera de la flota de galeras de la Luisiana y que llegó a participar en la batalla de Trafalgar, en aquella época era el barco más viejo de la Armada. Tanto Pérez Galdós en Trafalgar, como Pérez-Reverte en Cabo Trafalgar la citan como de las pocas que se salvaron de la quema… por la tarde se pusieron proa a Cádiz y los muy borricos –parece ser que el barco era muy poco marinero- lo embarrancaron en una playa y se hundió.

Los españoles somos de traca ja, ja, ja, ja!!!

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Tunnbrød. Pan plano. Pan Polar

Ah! qué coñazo de semana!! Vivimos en un país de modas. Este mes toca productividad. Como si fuéramos alemanes! Día y noche. Cualquiera que vea los horarios de envío de mis correos electrónicos se descojona ¿qué hará éste despierto a las doce y media? y lo cojonudo del caso es que uno –mi jefe- me contestó al ratito y le recontesté a las cinco –no quería hacerme el interesante- ja, ja, ja, ja!!

Y claro con tanto currar, vienen los errores. El viernes le mandé a ajonjoli documentación de curro y seguro que a alguno del curro le mandé una receta de tupinambos… ¿qué pensarán de mí? los dos! :)) Claramente no soy alemán ;)

Como colofón, ayer me dio por preparar estos panes suecos tunnbrød –no sé si es así ø o así ö- que dicen que se traduce como pan delgado, pero también le dicen pan polar que es el equivalente a llamarle bimbo a todos los panes de molde… en fin.

No es la primera vez que lo hago. Le eché un ojo a las recetas de aquí y de aquí. De punta a punta… como verás panes cardiosaludables :( Después le di una vuelta a un libro de Linda Collister y me convenció más la receta. Es la que hice.

Lamentablemente lo último que se me ocurrió consultar –pero ya  con el pan hecho- fue la wikipedia y el youtube. Tampoco la receta de la Collister es fetén, sobre todo porque hay que hacerla con harina candeal y no con harina de fuerza, yo usé T65.

Me las prometía felices ja! harina de cebada, nada, nada, me voy a una tienda de hippies y me la agencio, una leche!! De avena la que quieras, pero si tu forraje es la cebada como no te la fabriques, nanay!

Pude porque tengo grano de cebada cervecera que uso para hacer malta –joder, esta tarde, si tengo un rato, a ver si me traigo un post sobre la malta que tenía en el otro blog- pero claro moler grano sin molino no es cosa fácil, lo hice con un molinillo de mano, pasándolo varias veces… un desastre. De doscientos gramos de grano saqué ochenta y cuatro de harina fina de cebada. Productividad griega con jornadas estajanovistas, menos mal que me regalan la cebada.

Bueno la receta. Trescientos gramos de harina de trigo T65 –si lo haces, usa harina de trigo corriente del súper- cien de trigo integral, cien de centeno integral y lo que salió de harina de cebada. Un par de cucharadas de crème fraîche, un poco de sal, como cuatrocientos cc. de leche templada, cinco gramos de levadura seca y un par de cucharadas de azúcar.

Este pan se puede comer blandito –por ejemplo si te comes un bocata en IKEA- y con levadura o crujiente, como si fuera una galleta, y sin levadura con lo que lo puedes conservar mucho tiempo. De hecho, parece ser que la técnica sueca era moler y hacer el pan duro en una o dos veces en todo el invierno antes que se congelaran los ríos que movían las piedras de moler ¿? No sé, me parece una capullada, fuera de contexto, de la sra. Collister.

Sacaba a colación lo de blando-crujiente para decirte que te interesa no usar azúcar corriente para este pan porque te quedará más quebradizo, yo creo que la tontería es que se pueda doblar bien para hacer bocadillos.

Usa azúcar invertido –puff!! qué poco me gusta esa palabra- o algún tipo de azúcar invertido… por ejemplo miel corriente, para que te quede flexible. Le puse dos cucharadas soperas.

Pues nada lo mezclas todo y lo amasas hasta que te quede una pasta manejable. Difícil porque la harina de centeno es muy puñetera  e insistirá en pegarse por todas partes.

Lo dejas reposar una hora al abrigo y lo divides en partes iguales… hice bolas de unos ochenta gramos y las dejé reposar otra media hora… me salieron tortas de veinte centímetros hasta que me cansé y todavía me sobró la mitad de la masa –la congelé ;)

Si tienes la curiosidad de ver vídeos de cómo se hace este pan en Suecia, te darás cuenta de dos cosas, 1) que no se hace con harina de fuerza ni de coña y 2) que nosotros tenemos cosas mucho más pequeñas que los suecos –y las suecas- entre otras: los hornos y las palas de madera.

Lo extiendes bien y, como no tendrás un rodillo con formas y pinchitos –como los suecos- lo pinchas bien con un tenedor y, o bien al horno muy caliente un par de minutos –riesgo de que te salgan pitas en lugar de tunnbrød- o bien a una sartén a fuego medio, como minuto y medio por cada cara. En ese caso la primera cara que pones es la que has pinchado con el tenedor y, mientras se hace, pinchas la otra, con la torta en la sartén. Si las quieres duras, dejas enfríar las tortas de pan y las retuestas después en el horno, mejor con la puerta abierta.

Nos las cenamos anoche con escarola, tomatitos y bacalao y atún ahumados.

Te dejo, que hoy tengo a una de las gorronas habituales para hacer alajú. Otro día te cuento cómo.

Beso.

Knäckebrod

El mundo moderno mola mucho… cuando todo va bien, pero como se líe la troca vas de culo, menudo coñazo!!

En la misma mañana se me juntó un problema de teléfono y otro de tarjeta de crédito ¡mamá! servicio de atención al cliente, call centers ¡horror!

Estaba encallecido de tratar con los tíos de telefónica, en casa y en el curro. Lo cuento muchas veces y hay gente que no me cree, pero es radicalmente cierto. Hace algunos años le adjudiqué la compra y la instalación de una centralita de telefonía a una empresa cuyo argumento comercial, deslizado de forma sutil en las conversaciones, era –atención- que la hermana del director comercial además era la directora del servicio de atención al cliente de Telefónica ¡¡!! Se llevaron el contrato los menes.

Tan embrutecido con esa telefónica que en cuanto me cambié a un barrio nuevo, y aun a costa de perder el número, contraté una línea con ONO ¿alguien ha llamado alguna vez al servicio técnico de ONO? joder!! y me quejaba de telefónica!!

En cuanto me terminó la permanencia le compré al chico un celular y di de baja la línea de fijo. Idea cojonuda, pero lo más cojonudo de todo fue cuando se me ocurrió contratar una línea ADSL con Vodafone. Atención camaradas: contratada en septiembre de 2009 –es interesante decir el año- en, casi, la primera semana de febrero de 2010 todavía no está instalada. Es posible, que os voy a contar que no sepáis, que haya llamado unas diez veces a preguntar, llorar, quejarme… etc, cada vez he estado al teléfono una media de treinta minutos y escuchado media docena de dulces acentos foráneos; creo que sueño con la sintonía de espera.

Todavía ayer, después de tres cuartos de hora al aparato y de explicarle mi vida a tres tías diferentes, cuando ya di con la inteligente, me cuenta que lo único que me puede decir es que no me puede decir nada, nada, nada. Cinco meses, cinco meses. Y que en fin, que lo de dar de baja la solicitud, que no lo tiene muy claro que se pueda hacer ¡¡!! Cinco meses!! y lo más cachondo de todo es que la instalación depende de Telefónica, de Telefónica ¡mamá!

¿Sabes aquello de comulgar con ruedas de molino? pues así es la vaina.

Pan sueco de centeno o knäckebrod o algo así.

Parece ser que en Suecia hay varias clases de panes, ja, ja qué novedad, será verdad pero yo me he pasado meses currando en Estocolmo y sólo comí galletas duras de centeno, de esas de Wasa: el knäckebrod. Además hay kavring que es de centeno tipo pumpernickel, tunnbröd que es así tipo pita y skorpor que son esos curruscos tostados duros como piedras. Esos son los que conozco.

Supongo que cada uno será de una zona de allí pero para mí que de donde son todos típicos es de IKEA ¿no? tú come localmente que diría la sra. jonjo.

Se puede componer de muchas maneras y con diferentes harinas. Harina sola o acompañada con semillas: alcaravea y/o anís podrían ser sabores típicos de allí.

Lo único que tiene de especial la elaboración es que el pan primero se cuece y después se seca para quede duro. No hay nada misterioso en la elaboración así que no he sacado fotos intermedias, por eso y porque la masa de centeno es un soberano coñazo y se pega por todas partes y ya tengo la máquina de fotos como el trapo de un jamón.

Pues nada yo lo he hecho así: ciento cincuenta gramos de harina de centeno gallego que me regaló C, otro tanto de harina integral de trigo que me regaló G, ciento cincuenta más de masa madre de trigo T65 francesa que me regaló E, una cucharadita de melaza de caña –esa y la sal las compré yo ;)

Va para los donantes y para una chica guapa que esta semana está débil pero apocalíptica.

Se mezcla todo, se añade agua y se amasa ¿alguna vez has hecho pan con mucha harina de centeno? te vas a enterar de lo que vale un peine.

Cuando tienes una masa suave y pegajosa la dejas reposar, en un sitio templado, unos cuarenta y cinco minutos. La sacas, la haces dos trozos y los extiendes –empieza lo bueno- con un rodillo sobre una mesa con mucha harina.

Quizá puedas, en lugar de la harina, emplear una superficie espolvoreada de salvado y así te quedarán un poco más rústicos.

Cuando tengas la masa extendida la cortas de la forma que te interese, la picas con un palito, o similar, para que no se arqueen las galletas y al horno -250º C- por cinco minutos.

Yo las extendí sobre un papel de horno y las corté con un círculo de lata, de esos que se utilizan para montar platos en forma cilíndrica, retiré los recortes y las horneé en una bandeja.

Se queman muy deprisa, así que es conveniente que seas escrupulosa con los tiempos.

Una vez que tengas todos los panes horneados –te habrán salido blanditos- se devuelven otra vez al horno, a 50º C +/-, unos cuarenta minutos más para que se terminen de endurecer. Se sacan y se dejan enfriar antes de guardarlos en una lata, o similar. Parece ser que duran hasta que se te acaben :))