Archivo de la etiqueta: jabón

Mi cocina, cocina y sentimientos T4 E01

jabón de aceites recicladosMi querida señorita, no sé si algún día me podré hacer perdonar este retraso, que no es desprecio si no descuido por eternas cuitas.

Y no sólo eso, también he perdido su dirección en Ferrol. Sería ¡tan feliz! si me hiciera usted la caridad.

 

Anuncios

Jabón de colares

Hace algún tiempo le prometí a mi amigo ni_colares que le regalaría algunos jabones. Tanto tiempo… que ya ni recuerdo del fausto motivo del regalo ¿te acuerdas tú?

El querido ni me dijo que no me preocupara con el tiempo de demora porque andaba en no sé qué negocios de panadería que le tenían entretenido, tampoco sé si hasta el punto de no ducharse. Me tendió la mano y me agarré hasta el codo. Conste que el jabón lo hice muy rápidamente, pero ahí se quedó arrinconado en: mi cocina.

Al final, hasta mi hijo me pegó la bronca a cuenta de que al jabón le iban a salir patas o se lo iban a comer los bichos y bien/bien tenía razón el chaval.

Joer! lo tenía todo: el jabón, unos papeles de estraza para envolverlo, una caja de etiquetas adhesivas… todito, sólo me faltaba hacer la etiqueta y enviárselo al man y a alguna pedigüeña que tengo por aquí cerca. Pues desde el mes de julio está la cosa.

Desde luego no hay mal que por bien no venga. El retraso me ha hecho corroborar que, por muchos artilugios que me invente, sigo sin tener ni puta idea de cortar el jabón y que los colorantes que uso tampoco son nada del otro jueves… y bien caros que me los cobra el tío Riesgo.

Son jabones corrientes, básicamente palma, coco y sebo a tercios. Duros y con una espuma estupenda.

Algunos –los que quieren ser verde claro- llevan arcilla verde ¡claro! :)) otros llevan azafrán canario –a ver si adivinas el color- que me parece que le dicen cártamo.

Unos con perfume: almizcle y neroli, otros no –esos huelen un poco a rancio pero son súper guays con el agua.

Unos con colorante de jabón que quisieron ser rojos y morados y se les pasó el arroz con el verano :(( y otros no.

Después hay otro lote de transparentes con la fórmula habitual de glicerina con y sin colofonia. Los que llevan colofonia son menos transpa pero a cambio son más duros y no evaporan el alcohol con el tiempo y se hacen más delgaditos.

En fin, querido ni_colares, esto es como la caja de bombones de Forrest Gump, hice el jabón, lo metí en cajas y ahora no sé cuál te tocará :)) suspendo en presentación y en plazos, pero te aseguro que te encantarán –todos- en el baño.

Abrazos, Au.

Jabones de colores

Esto del blog es una gaita, cuanto menos haces menos te apete hacer. Perezaza total. Coco en otro sitio. Menos tiempo libre. Ni idea, pero cada día me cuesta más. Crisis de creatividad. Bueno, supongo que vendrán mejores tiempos.

Voy haciendo cosillas pero no le encuentro el leitmotiv para hilarles una bonita historia. Por ejemplo estos jabones de aceite reciclado –los que tienen aspecto de mortadela- y de trocitos de jabón refundido –las pastillas que se van quedando pequeñitas del uso- me recordaban unas piedras que estuvimos viendo en Menorca la semana pasada pero no me sale la historia. Por cierto Menorca en primavera –para quien no haya estado- es una maravilla y, por favor, si os recomiendan el restaurante Ízaro en Maò no se os ocurra poner los pies allí.

Así que post de –como dicen los taurinos- aliño. Jabones refundidos y de colores.

Cuando sea mayor quiero hacer jabones como los de este man, técnicamente –en la química- no son la gran vaina, pero no me negaréis que tienen unos cortes y un acabado spettacolare. Le pregunté al pollo cómo se lo curraba, pero con nulo éxito en la respuesta; así que me toca a recorrer la curva de la experiencia a pinrel.

Ahora estoy en el primer prototipo del sandwich de pollo, es decir una rebanada de pan entre dos lonchas de pollo –Woody Allen dixit- pero ya me irán saliendo mejor.

Primero me propuse dominar el asunto del color y tira… no me gustan mucho los colores y menos los artificiales.

Los de aspecto de mortadela son jabones de aceite y sebo reciclados y tintados con violeta de anilina para jabón. Rallados muy finos y refundidos.

Los azulitos son de trozos de jabón de baño, también rallados, refundidos y tintados con índigo… destiñen como los vaqueros nuevos, ja, ja, ja, ja!!!

Los trozos blancos son también de grasas recicladas y tintados con óxido de titanio –blanco de titanio- barato y muy efectivo… si no fueras tan borrico como uno que yo me sé, que se hizo unos moldes de DM que también destiñen ;)

Los blancos están hechos en frío y colocados –en trozos y una vez bien secos- en moldes para rodearlos de jabón refundido de color, resultado: el jabón caliente encoge y el frío no ;) curva de la experiencia.

Lo del corte fue una odisea mejor ni hablar del tema. Sigo trabajando en el asunto.

Escribo esto escuchando un programa de radio El ojo crítico, está terminando y  habla de Ana María Matute, dice que el día que le dieron el premio desayunó como los escritores, como los escritores de antes: [sic] un café, unas pastas y un gintònic bien fresquito… joer!!

En busca de la transparencia perfecta… y 2

Ya te tengo… hermana!!

No sé si harán espuma, pero bonitas son un puñao ;)

En busca de la transparencia perfecta

A cuenta de las pastillas de la felicidad, me han salido encargos -humildes encargos- de pastillas reconfortantes en cajas amarillas.

Estoy preparando verdes que eran las de la película. Colocan.

He cambiado la fórmula y me he ido al Hipercor a cotillear cómo son de transparentes las comerciales. Las que tienen estos miden dos centímetros de grosor. Las mías, una pulgada.

Podía haber comprado una de la competencia para comparar, pero paso de dejarles pasta. Las verdes son más transpa que las comerciales :)

5 pastillas de la felicidad

El otro día tuvimos una pequeña fiesta de cumple en casa y unos amigos se presentaron con una cajita –igual que las de las fotos- que decía en la etiqueta: 125 grs. of happiness.

Lo primero que pensé fue: puf!! esta noche vamos a terminar todos en la cárcel… hace algún tiempo –empieza a no ser poco- hubiera pensado: puf!! esta noche nos vamos a poner todos hasta el culo; 125 grs. juntos, sólo los he visto en las películas… menos mal: eran bombones, 125 grs. no hay ni para empezar.

Me hago mayor, lo noto en muchas cosas. En lo físico menos –pero mucho también ja, ja, ja, ja- al fin y al cabo todavía sigo viendo las cosas, a la gente y a mí en el espejo, con los mismos ojos que tenía hace treinta años; pero más en el coco, por ejemplo en el cuento de más arriba ¿poco o mucho? 125 grs. de felicidad me hubiera parecido poca felicidad para la que yo quería –o creía que podía tener- y 125 grs. de dulce: un exceso.

Pero si te soy  sincero –espero que sepas guardar la discreción debida al caso- cuando más, más, más, me noto que me ha pasado un rodillo de años por encima, es cuando voto en las encuestas  de El Mundo y resulta que voy –algunas veces, pocas joder!! con la mayoría; coño! es que me llevan los demonios!!

Pastillas de la felicidad, dicen que son las que más se prescriben en España; se ve que somos especialmente propensos a la melancolía. Las azules para subir, las rojas para bajar –vaya, otra vez me traicionó el subconsciente… un país de máximos y mínimos.

Y no es gratis lo de las pastillas. El orco lleva varias semanas haciéndome preguntas recurrentes sobre qué es lo que es el éxtasis, apostaría a que –tiene diez para once- no se refiere a polvos, sino a cápsulas ;) algún gañán está próximo en el cole.

No sé muy bien cómo –sin traicionarme, todavía más, en términos ideológicos- enfocar el asunto.

El día uno nos dimos una vuelta por el Rastro y terminamos en la FNAC de Callao. Mientras él revolvía libros de macacos yo me fui a ver pelis musicales y me di de morros con Quadrophenia… la oportunidad la pintan calva!

Si no la tienes en la memoria, Quadrophenia es una afamada peli que produjeron los Who en los setenta del XX y que cuenta la historia de un chico de los de hasta el culo de anfetas, de sus héroes –un guapísimo y jovencísimo Sting: as de oros- y del reconocimiento por la pertenencia a un grupo: los mods. Claro, todo trufado de chicas que me gustan, palos a farmacias, hostias con los rockers, gritos con mis viejos, neurosis e histerias por las anfetas, no voy a currar porque tengo una resaca de tres pares… etc. etc. etc. Y al final me tiran de casa, del curro, mi piba se lo hace con un colega y as de oros –el más follador de la comarca- resulta que era el botones –el bellboy de la canción de The Who-  guaperas de un hotel en Brighton.

Salvado… con esta peli practicamos inglés –sólo estaba en versión original- y el man va a comprender –sin que yo tenga que pringarme políticamente- el porqué no de las anfetas.

Resultado: la peli está en un slang –no llega a ser cockney pero casi- incomprensible, al tío no le pareció mal que la peña se forrara a leches en la playa, las motos con muchos espejos le parecieron guays y, sobre todo, me dijo: papi, esta mañana he visto en el Rastro unas chupas iguales que las que llevan en la película ¿podemos ir el domingo que viene y me compro una con lo que tengo en la hucha?… Bellbooooy!!!

Como el chiste de Jesucristo y Judas: ¿no es pa matalo?

5 pastillas de la felicidad se titula el post, si de verdad fuesen mágicas y conjuraran algo quizá yo también me las tomaba… no son, las azules y las rojas, el medicamento más prescrito?? y decían que el soma y el estado del bienestar eran majaderías bah!! yo las he preparado  -las pastillas- de jabón de glicerina para los regalos de estas Navidades: bienestar a precios populares y sin recetas. Te evitas abroncar a tus hijos por comerse pilules mientras tú te las metes a escondidas ¿crees que no sirven los mismos argumentos para ti?

Con un simple baño y un buen jabón de los que van en la cajita puedes ser feliz o al menos te lo parecerá lo que no deja de ser lo mismo que con el Valium y las azules ¿no?

Beso.

Técnicas para hacer jabón casero. Gel sin jabón

Éste, a juzgar por las frases de búsqueda que emplea la gente que termina en mi cocina, es otro de los objetos del deseo de los jaboneros caseros ¿Cómo hacer jabón sin sosa? o, más precisamente ¿cómo hacer detergente sin jabón?

Todo esto del jabón –como lo del pan, las conservas o las pompas- cuando te metes a saco con ello, es un asunto que se va complicando y complicando hasta que montas una minifactoría de productos químicos en casa.

Soy muy dado a eso… me lo decía C el otro día… -terminarás haciendo pasta !! y seguro que sí :) Además tengo la ventaja –creo que es una ventaja- de tener mucho gorrón a mi alrededor y al final entre que ellos/as me piden y a mí me gusta, pues termino haciendo –o intentando hacer- casi de todo, en fin!!

Pues como decía antes el tema de los detergentes –no confundas detergente con jabón– se va complicando a medida que rizas el rizo hasta que se termina saliendo de la cocina. Y no sólo eso sino que además empieza a no ser rentable económicamente aunque lo del pan me parece que tampoco lo es mucho.

Bien, bien, no sé si recomendarte que hagas este experimento. Yo sí tengo claro lo que estoy haciendo pero quizá tú no deberías intentarlo o al menos no decir que yo te he dicho que te laves con esto. No sé si queda claro.

Dicho lo anterior vamos a hacer  un poco de teoría. La movida del jabón y los detergentes va de dos cosas: de productos tensioactivos y de moléculas anfóteras. Ja, ja, ja, ja!!

No es coña, va de esas dos cosas. La mayor parte de los detergentes son productos tensioactivos o detersores que lo que hacen es modificar la tensión superficial de dos sistemas y permiten que se mezclen. La explicación físico química tiene cierta complicación pero con un ejemplo lo entiendes perfectamente. Si manchas algo, por ejemplo un plato, con alguna sustancia grasienta, por ejemplo aceite de oliva, ya le puedes echar agua por encima que no quitas nunca el aceite. Pero si a esa agua le añades un tensioactivo, por ejemplo –pero no siempre- jabón, entonces agua+jabón se mezclan con aceite y forma un solo sistema que tu puedes arrastrar con más agua y limpiar la superficie del plato: mágico!!

Y eso pasa porque el jabón –y otros detergentes- están formados por un tipo especial de moléculas que se llaman anfóteras. La especialidad de estas moléculas –siento no poder decirte el libro del que estoy copiando, porque me lo estoy inventando sobre la marcha- es que tienen una parte que es hidrófila –son amigas del agua- y por eso el jabón se disuelve y otra hidrófuga –les fastidia el agua- pero muy similar a las moléculas de las cosas que suelen manchar la ropa a las que, por afinidad, se unen, se disuelven una en otra y las arrastras en el proceso de lavado/aclarado.

¿A ver si adivinas por qué los detergentes caseros no limpian más que manchas o suciedades de origen orgánico?… sacto!! porque la mayor parte de ellas son grasas –corporales o alimenticias-  para otro tipo de manchas como las de tinta, frutas, sudores y otras… ja, ja, ja, ja!! mira lo que limpia este producto que tenía por casa… supongo que si lo hacen será porque esas manchas existen de manera significativa -estadísticamente hablando, desde luego, ja, ja, ja, ja!!… necesitas detergentes especializados y basados en oxidantes, enzimas u otras mierdas.

Ves como se complica mucho… sólo un par de cosas más para tu cultura general. Hay dos clases de tensioactivos, los iónicos y los no iónicos. Los segundos son –no sólo- vainas tipo alcohol, éter, gasolinas, disolventes de pinturas y los primeros son los detergentes habituales basados o no en la química del jabón –aniónicos- y también lo que llamamos normalmente suavizantes –catiónicos- pero no sólo porque ese tipo de productos también se usan para champús y jabones especializados… otro lío.

Todo esto empieza a dar más miedo cuando le echas un vistazo a los nombres que tienen los tensioactivos de marras. Por ejemplo: lauril sulfato de sodio, lauril éter sulfato de sodio, ídem amónico, ídem de trietanolamina… y estos son sólo los de una familia que hay hasta cinco, ja, ja, ja, ja!!

La verdad es que los nombres son más rimbombantes que  lo que son esos productos en realidad… casi todos derivados de la destilación de aceites vegetales corrientes y de química sencilla de ácidos inorgánicos. Y lo mejor de todo –o peor, según lo mires- es que si lees la etiqueta de la composición de cualquier champú, gel, pasta de dientes, etc… incluidos los de niños o los de tratamiento, vas a encontrar el repertorio completo… ¿no me crees? mira…

… Sanex… … Johnson’s baby… y… … SebaMed, lo más guay que puedes comprar en farmacia con envase grande.

Mola bastante porque esas moléculas –las más usadas son ésteres del ácido sulfúrico- tienen muchas ventajas sobre sus primas procedentes de la química del jabón. Por ejemplo que no son sensibles a la temperatura: limpian lo mismo en frío que en caliente, forman disoluciones con un ph neutro, no huelen a nada o a poca cosa, hacen más espuma que el jabón y –sensacional- funcionan en presencia de sales de calcio y de magnesio con lo cual se pueden usar con aguas duras. Además son más afines a la piel que las sales de ácidos grasos –los jabones- por lo que también resecan menos. Vamos que no sé cómo se nos ocurre hacer jabones con sosa pudiendo enriquecer al alemán que fabrica estas maravillas ;) de alquil sulfatos.

El asunto es complicable ad infinítum y en algún sitio hay que dejarlo. Va a ser aquí.

La receta que hoy te propongo la puedes hacer sin necesidad de poner un químico en tu vida. Es un gel líquido que lleva sólo detergente, humectante, antioxidante y aloe vera. Podría haberlo complicado más con: espesante, color, olor, conservantes, algún ácido para compensar el ph y agua para sacar más por menos pero después la cosa es como cuando te pones con la cocina oriental: terminas llenando la casa de frasquitos de a cuatro euros y cada uno para una cosa y para cada plato nuevo otro frasquito :(

Éste es un gel bastante coñero: transpa como el agua, espeso,  sin olor y absolutamente neutro. Sin embargo tiene inconvenientes sobre todo el del conservante. Estas mezclas salen con un ph cercano a siete que es la acidez del agua con lo que son propensas a que las colonicen hongos, levaduras y otros animalitos no convenientes en la higiene, por lo que si te decides a la fabricación casera te sugiero que no hagas grandes cantidades de producto, lo justo para probar y bañarte una temporada y en cualquier caso no mantengas el gel más de seis meses en los anaqueles de tu baño.

Lleva: un par de cucharadas soperas de agua, otras dos de glicerina, una cucharada de café de lauril sulfato sódico –son polvitos :) 250 ml. de lauril –o laureth- éter sulfato sódico, una cucharada de moka de vitamina E y lo que te parezca de gel de aloe… yo le puse cuatro cucharadas soperas.

Como te decía le podría haber puesto un espesante por ejemplo celulosa  –carboximetil celulosa sódica- y de hecho lo hice pero le encontré dos inconvenientes: se disuelve fatal y tiende a enturbiar –quería un  gel cristalino. También se puede espesar con sal común aunque la verdad es que no sé cómo funciona y no encontré a nadie que me lo quisiera contar. Pero el caso es que los líquidos que estaba empleando –lauril éter y glicerina- son bastante espesitos y me pareció que podía ahorrarme el espesante.

El detergente éste no huele a prácticamente nada… tiene un ligero fondo a química industrial tipo champú de Caprabo, pero muy leve. Soy contrario a los aromas añadidos al perfume que me pongo, que mis buenas perras me cuesta, así el perfume también me lo ahorré.

En cuanto al color, hice algunas pruebas con colorantes alimentarios que tenía por casa… se ven en las fotos que me resultaron parecidos a salsa agridulce de chino cutre, pis y una bebida  infecta que se llama parfait amour, respectivamente. Lo desestimé también.

Ácidos para controlar el ph: la mezcla con la fórmula de más arriba tiene un ph ligerísimamente ácido -6,5- me pareció que podría vivir sin bajárselo más y conste que me hubiera venido muy bien añadirle ácido cítrico porque tengo medio saco que me quedó después de hacer las bombas de baño y no sé qué hacer con él ;)

Conservantes tampoco. Hice la cantidad justa para lavarme yo y regalar un par de frascos; en función de cómo me resulte el asunto haré más cantidad sobre todo champú de tratamiento, que es lo que me falta por resolver en la quimicefa casera de mi cocina, y ya pensaré entonces en el conservante más molón para el caso.

Pues nada, nada, si te animas esto se hace así: se disuelve el lauril sulfato en el agua –ojo que son polvitos no tóxicos pero un poco irritantes en la nariz- y la disolución se mezcla –fácil- con todo lo demás. Si ves que te quedas corta de cantidad, añádele más agua o más glicerina. Ten en cuenta que muchos de estos productos de las tiendas no llevan ni un veinticinco por ciento de detergente, el resto son excipientes… así que con confianza y espesantes puedes dar el pego.

Ya me contarás.