Archivo de la etiqueta: hígado

Comida en tiempos de crisis: chipirones rellenos de hígado de oca con arroz salvaje

Está bonito el patio!! Uno de cada cinco en paro; si estabas contando días para jubilarte, cuenta años y no mires a los que dejas atrás. Los vecinos del piso de abajo a hostias desde Alejandría hasta –casi- Ceuta y si no,  al tiempo. Berlusconi de putas, ZP llorando por los rincones; los sinvergüenzas de las cajas de ahorros peleando para ver quién se queda sin curro ¿tendrán suficientes años cotizados? el Euribor subiendo, los sueldos bajando, la inflación un 3%… la gran banca reunida –dónde si no- en Suiza para fijar posturas contra la regulación, el petróleo subiendo ante la perspectiva de que cierren el canal de Suez, puf!!

Yo creo que son más tiempos de patatas con bacalao que de gollerías, pero en fin de vez en cuando ¿quién no se da un homenaje?

Venga que nos quiten lo bailao: chipirones rellenos de hígado de oca. La receta se la escuché el otro día en la radio a una que debía de ser millonaria.

Alguna vez he rellenado calamares con cosas exóticas. Recuerdo una receta de rellenos de butifarra que me pasó mi amigo G, pero no es un plato frecuente en casa porque al orco no le gustan los calamares, nada más que fritos y a mí se me da fatal rebozar. Como cada vez que los hago en salsa –ya no te cuento si son en su tinta- tenemos bronca, lo dejé por imposible.

Esta receta me llamó la atención por el relleno. Originalmente eran en su tinta pero le sustituí el negro por un guiso cebolla y vino. La misma vaina, me tocó bronca.

El caso es que cada año por Navidad una amiga nos facilita el acceso a los tíos que envasan productos de pato y de otros animalitos que hacen cua-cua a precios bastante competitivos. Para que te hagas una idea la misma lata en el Hípercor me cuesta tres veces más y supongo que el fulano que nos las vende a nosotros no va a pérdidas, así que para ir tirando les da a los tíos.

Luego cuando llega el año normal me empiezan a entrar los remordimientos de las grasas y las arterias y las termino olvidando en el fondo del armario. El otro día iban los chipirones baratos –unos siete euros- y pensé en darnos un homenaje con arroz salvaje que mi hijo tenía ganas de probar.

Qué desastre el arroz. Y resulta que no es ni arroz. A ocho euros los doscientos cincuenta gramos, viene de Canadá y, eso sí, es bío.

Bueno pues el plato no es muy misterioso. Se limpian bien los chipirones, se trocean las barbas y se rellenan con el hígado y las patitas. No se rellenan mucho por un  motivo de precio y porque el bicho al cocer encoge.

En una olla con aceite cueces una cebolla cortada en tiras, con un ajito, hasta que esté caramelo. Le agregas los chipirones, un vaso de vino blanco y agua o caldo. Yo lo hice con agua porque no tenía ganas de más entretenimiento y le puse un poco de pimienta molida y sal.

Cueces, cueces, a fuego mediano hasta que se reduzca el caldo.

El hígado suelta mucha grasa así que les dejé bastante caldo y los guardé en la nevera una noche. Los calamares son de los pocos alimentos que me gustan de un día para otro.

Antes de recalentarlos para comer le quitas toda la grasa que hayan soltado y listo.

El arroz. Pues es que el arroz ese salvaje tarda cuarenta y cinco minutos ¡! en hacerse. Se cuece con cuatro partes de agua.

Lo hice en una olla arrocera, le puse un poco menos de media taza, se me fue para el suelo el invento, se rompió la taza y se perdió el preciado fruto. Ahora tengo la bolsa de la aspiradora llena de cristales y de arroz de a diez céntimos el grano :(

Así que cocí primero el arroz negro y cuando estaba más a menos a la mitad le puse arroz blanco largo y la parte que le tocaba de agua caliente. Salió bien, sin más complicaciones.

Y… listo, muy rico, hasta mi compañero de piso tuvo que reconocer que aunque no le gustaba… estaba bastante bueno, no hay quién le entienda.

:)

Anuncios

Cena de Nochebuena. Canelones de liebre e hígado de pato… qué más quisiera!

Casi la mitad del mes de diciembre me la pego pensando en la cena de Nochebuena y en la comida de Navidad. Ya llevamos unos años que nos borramos de MAD y nos piramos a cualquier sitio con tal de no oír los lamentos navideños familiares.

Normalmente recibo muchas críticas –sobre todo de los lamentadores- pero –de los demás- es casi unánime la felicitación por el buen gusto: al final casi que nosotros estorbamos, lo mismo que a nosotros nos estorban. Todos contentos.

A mi hijo le hace mucha gracia. El año pasado me dijo –nos comimos las uvas en el agua, con castos besos finales a sendas inglesas borrachas- que se lo contaría a sus hijos. Quiero pensar que se refería a la compañía paterna más que a las rubias beodas ¿?

Pero la cosa es que como siempre vamos tan pegados de tiempo –algún día cenaremos sobrevolando cualquier brazo de mar- tengo que llevar la cena hecha -o casi- desde aquí. Nunca sé lo que me voy a encontrar.

Claro, el caso es que se trata de salir de casa el mismo día 24, llegar a alguna parte, dar un rulo para controlar el terreno, tomar algo y salir de naja con la estampida de las nueve de la noche, cervecita en casa antes de cenar, cena, un rato de charla padre/hijo –te puedes imaginar- peli de vídeo –a elegir entre: el Sr. de los anillos, Salvar al soldado Ryan y Harry Potter o similar o si prefieres, papi, una partidita a la wii :(( Probablemente éste se duerma tipo a las doce y yo me fume un cigarrillo –a escondidas- en la terraza del garito en donde estemos, acompañado por un par de culitos de güisqui. Planazo.

Forzosamente la cena tiene que caber en una cajita pequeña y poderse preparar –casi- con la lumbre de un mechero.

Por ejemplo, una típica cena de Nochebuena nuestra podía ser: un poco de jamón, unas aceitunas, dos patatas, un poco de escarola, una lubina de pisci limpia y congelada –se descongela en el camino- un par de naranjas, una botella de vino blanco, un par de Fantas, otro de latas de cerveza y una tableta de turrón de chocolate. Si el horno donde llegamos está potable hago la lubina allí mismo, con una ajada a la donostiarra. Si me da asco, desguazo el pescado en dos filetes –nunca monto en avión sin mi cuchillo de Taramundi y mi piedra de afilar ;) y los hago a la plancha. El pan también me lo llevo de casa.

La comida de Navidad podría ser: salmón ahumado para dos, una lata pequeña de foie de pato, un solomillo de cerdo adobado desde casa y un poco de queso, la media botella de vino que me sobró de Nochebuena y otra Fanta.

Según cómo esté mi primo de apetente combinamos las cosas, eliminamos o añadimos algunas mierdas que compremos en un cutre súper de la zona. No creo que entre cena y comida me gaste más de treinta euros. Razonable.

Como somos tan cabezotas, los años pares cenamos lubina y los impares, solomillo, y vamos repitiendo el ciclo :) Este año he pensado que vamos a cambiar de menú.

Le di algunas vueltas al asunto, escuché a expertas, a la radio y al final me decidí por esta receta de Abrahán García.

El tipo, que es bien coñero, tiene un pequeño espacio en un programa de cocina –Comer y cantar- los sábados y los domingos por la mañana. Si me pilla por casa le escucho. Me hace gracia y suele ofrecer recetas muy curiosas –a mi juicio.

El restaurante del tal García está bastante bien… es de los que más me gustan de mi pueblo, claro que no para todos los días porque te cansa mucho, ja, ja, ja, ja… bueno, si algún día te sobran unos euros te lo recomiendo encarecidamente… para ir,  puedes ahorrar, como yo, haciendo estas fiestas unas comidas y cenas más civilizadas ;)

Una de las últimas veces que oí el programa propuso esta receta de canelones rellenos de liebre e hígado de pato… qué más quisiera! Los ingredientes me parecen un poco despropósito para comérselos triturados con bechamel aunque unos cuantos de esos, congelados, me cubren perfectamente mis necesidades para la cena de los expatriados. Espero que funcione el horno.

Para veinte canelones he usado: tres piernas de conejo –es un poco más caro que el conejo entero pero te quitas el rollo de deshuesar a bugs bunny– como trescientos gramos de higaditos de pollo limpios, cebolla, zanahoria, ajo, laurel, sal, pimienta, vino blanco, tomillo, perejil y las placas de pasta.

Por un lado te guisas los muslos de conejo con el vino, un poco de agua y sobre un sofrito de ajo, cebolla y zanahoria. Le pones un poco de tomillo, el laurel, sal, pimienta y lo cueces mucho para que te sea más fácil deshuesar.

Por otro te salteas los higaditos con ajo y perejil y los flambeas con chorrito de algún aguardiente que tengas a mano.

Lo trituras todo y rellenas los canelones.

Te preparas una bechamel con un poco de harina, sal, nuez moscada y una mezcla de nata para cocinar con leche –1/3, 2/3- usa poca harina porque más que una bechamel interesa hacer una muselina, va en gustos.

Montas los moldes con la pasta, la bechamel y lo espolvoreas con queso. Recomienda el tal García no usar quesos fuertes para no descojonar el sabor del hígado, propone Mahón rallado…  no tenía, usé un poco de Roncal curado –cojonudo- que tenía rodando por la nevera.

Congelar y derechos a Nochebuena. No pude resistirme a probarlos para evitar una posible decepción en fiesta tan señalada. Buenísimos.