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Hansel y Gretel o la comida silvestre. Jalea de tapaculos o escaramujos

Dice la sra. Jonjo que a ver quién es el guapo/a que se prepara una comidita by the face –fácil- pero agarrada del campito, del aire o del agua, es decir: con raíces, alas, patas o aletas… como el tomate que estaba alegre en su mata y vino un h de p y lo metió en una lata y lo mandó pa Caracas… en fin.

No seré yo, desde luego, quien se pase por la piedra a un lindo conejito para un concurso… no es que le tenga especial cariño a las cosas con patas o aletas, es que me echaría a llorar sólo de pensar en cargármelos y echarlos a la olla… quizá, quizá –y sólo para los conejos de antes- utilizaría la trampa de la piedra de pico y el tabaco que tan buen resultado le daba a mi padre. Me declaro vegetariano para la ocasión.Comida silvestre… sacar recursos alimenticios de la espesura… no sé si la condena del Edén tenía que ver con esto, pero el hecho es que si estás dispuesto a privaciones, subalimentación y a ajustar tu vida y la de los tuyos –incluyendo, dicho suavemente, a regular el tamaño de tu familia en función de los ciclos naturales- lo de buscar cosas en el campo mola.

Claro, para los hidratos de carbono, los minerales y las vitaminas la cosa está más o menos resuelta, obviamente mientras no seamos muchos los que vaguemos por los árboles rebuscando.

La cosa de las proteínas es más peliaguda. Las putas proteínas tienen la costumbre de salir corriendo –o volando o nadando- cuando se les acerca alguien con cara de hambre y claro, tú las puedes perseguir y –algunas veces- alcanzarlas pero me temo que si haces balance entre lo que gastas corriendo y el trozo de jabalí que te vas a comer casi nunca sale a cuenta y eso sin contar con que la proteína te vea con los mismos ojos hambrientos y sea ella la que vaya corriendo detrás de ti.

La otra opción proteica que tienes es comerte a alguno de los que como tú vayan vagando por el campo. Costumbres muy extendidas en esta Europa, cimentada sobre los pilares del cristianismo –según el tío Benedicto- eran las de, los años malos, echar a los niños que sobraban –si podían andar- o no dejar que nacieran  los que venían y la de comerse a los débiles que malvivían por los caminos. Los ogros, las brujas, los lobos, Hansel, Gretel y algunos otros niños panolis que andaban libres de marca y que terminaban siendo devorados por algún peludo, son hijos mitológicos de aquella época que se vivió en la adelantada Europa durante siglos.

Bien, pues visto que lo de las proteínas está peliagudo me voy a volver a lo que no tiene patas.

Casi que del campo –a condición de no ser muchos los que busquemos- te puedes agenciar lo necesario para vivir –mal- sin ir más lejos el cenizo blanco o la lenteja de agua  –repositorio de nitratos y otras mierdas contaminantes donde lo haya- son jugosas fuentes de alimento, pero no exclusivo porque según el pueblo donde vivas encontrarás mogollón de plantitas, frutos o raíces que te –más o menos- alimenten.

Y lo de no ser muchos es fundamental aquí, porque después de un par de temporadas sacando setas, trufas, collejas, arándanos, espárragos, cenizos, moras, avellanas, madroños, castañas, ortigas,  pajaritos, ratas de agua, pececillos, ardillas, culebras, lagartos y etc. se acabó, se acabó, se acabó… al tercer año nos comemos a Hansel y al cuarto a Gretel y todas esas simpáticas alimañas que viven en el campo y comen lo mismo se mueren de hambre, porque los de las dos patas se acabaron los recursos que comían los amiguitos de bambi.

Así que lo de cultivar patata, maíz y arroz, y cuanto más productivos mejor, conjuntamente con las granjas de gallinas y el ganado estabulado, son, en mi humilde opinión, unas magníficas ideas que como todo deben ser vigiladas, porque la sed de oro de Monsanto y compañía es inmensa.

Después está la otra cara de la moneda: la calidad de lo que comes. Tú crees que alguien comería membrillos si tuviera melocotones todo el año?? El membrillo –y si alguna vez lo has visto silvestre o asilvestrado, más todavía- es una puta mierda de fruta casi incomestible pero resulta que se conserva muy bien y es una fuente decente de fibra y vitaminas si la última hortaliza o fruta fresca te la comes a mediados de septiembre y la siguiente –quizá unas fresas- a mediados de abril del año siguiente y el resto de tu dieta son almortas, carne salada y trigo –poco porque no puedes comerte la semilla del año siguiente y, además, tienes que guardar por si el invierno viene malo y te toca resembrar, recuerda: un error de cálculo puede terminar con tu herencia genética en el camino buscándose la vida.

El propio cenizo blanco; tiene tanto ácido oxálico que si dejas una hoja encima de una madera con humedad cuando la quites te deja la marca. La yerba de los falsificadores, con una decocción de cenizo y una pizca de permanganato potásico no dejas rastro de las notas en tu boletín –comenzar una  nueva vida sin  cates, el sueño de cualquier estudiante… Dios tenga en la gloria al inventor del borratintas EBRO- ¿se pueden comer ensaladas de cenizo? sí y están buenísimas yo vi –no sabía que se comiera- la receta en La Flor del Calabacín y la comí, pero me temo que alimentarse una semana con eso provocaría variados agujeros en tus tripitas. Como norma general no se debe comer nada de lo que se dejen sin comer las ovejas, claro, salvo que no tengas más remedio :(

Incluso los tapaculos, estos que traigo yo aquí. Son la vaina –igual que las judías verdes- que contiene las semillas del rosal silvestre. Se conocen por muchos nombres: escaramujo y tapaculos –así lo llamaban mis abuelos- son los más comunes, pero si buscas en Internet encontrarás el repertorio completo.

Dicen que es el fruto con más vitamina C que existe y de hecho en Centroeuropa se consume con cierta asiduidad, pero además tiene una característica añadida: es un astringente muy, muy fuerte –tapaculos- así que si tu dieta tiene un  componente importante de eso, es casi seguro que no morirás de escorbuto pero corres un riesgo cierto de reventón.

Si buscas información sobre el escaramujo te va a aparecer por todas partes –todo el mundo copia los textos sin pudor- que en el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial –en el periodo del bloqueo de la isla- se sustituyeron los cítricos que no se podían importar por los tapaculos como fuente de vitamina. A falta de pan tortas: el claro ejemplo de lo que te contaba más arriba.

Los agarramos el domingo pasado en el puerto de la Fuenfría, en la orilla de un manantial precioso que baja paralelo a la calzada romana –la vía XXIV de Mérida a Zaragoza, mi hijo me dio una alegría: se acordaba de los números romanos- una maravillosa mañana de otoño. Se recolectan en esta época, después de los primeros fríos.

Los arbustos  –que pinchan como demonios- tenían frutos sólo en las ramas altas de lo que colijo que algún otro bicho que no tiene garrote para doblar las ramas –ojo, no rompimos ni una- ni escalera para subirse, también se alimenta de las bolitas rojas y seguró que estaría encantado viendo cómo nos llevábamos su papeo.

Si no resistes a la tentación de darle un bocado a una de esas bolitas notarás que no saben prácticamente a nada: tonos herbáceos, un poco ácidos y ásperos en la lengua.

La receta de la jalea la tienes aquí… si no tienes muy claro que te vaya a salir la gelificación te sugiero que sustituyas el agua por zumo de manzana 100%, que no tenga azúcar añadido, y procedas como se dice en el link de antes.

Pasé los tapaculos por una trituradora. Para un kilo justo de vainas usé un litro de agua. Cocí el conjunto media hora a fuego suave y lo dejé reposar dos horas. Filtra una noche y procede como dice la receta.

Lo que sale es una jalea muy rica, dulzona, ácida y áspera y con tonos herbáceos y campestres: un tipo sotobosque que dirían los catadores… lo cual teniendo en cuenta que el fruto no sabe prácticamente a nada: tonos herbáceos, un poco ácidos y ásperos en la lengua es lo normal, cualquier otro resultado me hubiera preocupado.

Un consejo: si quieres que te salga la jalea transpa total, cuando cuezas el zumo con el azúcar, le vas retirando la espuma que salga, si no lo haces o le añades pectina u otro espesante se te enturbiará un poco el mejunje.

Listo, estás son las cosas que se me ocurrieron sobre la comida salvaje mientras me pinchaba los dedos agarrando tapaculos –el orco se pinchó dos veces, dijo que le dolía la tripa y se tumbó al sol- la semana que viene pongo la receta de las ciruelas pasas ;)

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