Somos… en fin, mejor me callo

no hagan fotosDesde hace algún tiempo cada vez leo más cosas sobre cocina que la equiparan con el arte de provocar en el comensal, que ha tenido la paciencia y el dinero suficientes, una experiencia lo más agradable/sorprendente/sensorial… no sé qué más cosas se podrían decir.

Todavía me acuerdo de las conversaciones aburridas en clase… Movimientos artísticos contemporáneos se llamaba la asignatura de marras… sobre si el arte era o no una experiencia –ya la propia palabra experiencia lo parece indicar- que se disfrutaba sólo en el recuerdo.

Parece que la música es un ejemplo claro de una expresión artística de la que sólo se puede disfrutar en el recuerdo. Salvo que estés muy ciego en concierto de Roxy Music a la vez que miras como bailan las chicas del coro, escuchas a Brian Ferry y le metes mano a tu novia –o novio- y te meneas con tus colegas o le miras el cuerpazo a una espléndida –o espléndido- violinista checoslovaco… que sí, que ambas podrían considerarse experiencias completas, gratificantes e instantáneas… en el resto de los casos necesitas recordar lo que has escuchado para poder disfrutarlo; en el límite hasta que el intérprete termine un compás. Prueba, veras como la Sinfonía del Nuevo Mundo escuchada en fragmentos de cinco segundos no te gusta nada… a mí personalmente, escuchados así, no me gustan ni los discos de Joe Jackson.

Es al llegar a casa cuando haces un balance de la sala, de cómo sonaba, de lo bien que interpretaba el conjunto y de lo bonitos que son algunos de los ambientes de la Sinfonía, de lo bien que marcaba tipo la checa, de que después del concierto coincidisteis –como me pasó a mí una vez con Marisa Monte, pero sin polvo- en casa de unos colegas, de que se montó una juerga de pm, de que vino la policía y de que terminaste encamado con la violinista y con su novia –en este caso voy a omitir la posibilidad de que fuera novio… es entonces cuando piensas: joder el concierto de anoche estuvo de puta madre, me voy a comprar el disco! o sea que lo disfrutas recordándolo y si lo puedes contar, pues entonces ya ni te cuento ja, ja, ja, ja!!

La literatura, la poesía, el cine y el teatro –con algunas reservas- todas son experiencias artísticas que requieren de la memoria para poderlas apreciar… solo lo plástico y con muchas reservas podría tener un consideración de disfrute digital del arte –si me ofrecen veinte años a cambio de tener que volver a aquella clase a discutir otra vez esa vaina, los rechazaría, veintiuno no :)) Una composición de una escena, la iluminación instantánea de un escenario, el gesto de un actor, la foto de un niño, la Joven de la Perla, las formas que recorta una escultura podrían ser experiencias que funcionan tanto en el instante como en el recuerdo. Bueno lo dejamos aquí.

Si lo trasladamos a la cocina y a los restaurantes, los dos párrafos anteriores también tienen su sentido y los cocineros modernos lo buscan, si bien es cierto que mucho de lo de que a comer se empieza por los ojos está en la cocina clásica francesa y muchas muestras, en restos arqueológicos de todos los pelajes.

Vaya por delante que para mí una experiencia gastronómica memorable pasa por la compañía de mis amigos y de mi hijo, una o varias buenas botellas de vino, comida rica –no me importa que no sea mucha- y una partida de cartas después… a poder ser que gane yo. Otra gente –aunque yo no he usado nunca esos servicios ni antes ni después de comer- para hacerlo, no memorable sino: inigualable… se van de putas –o putos- para terminar o para hacer boca ¿?

Hacía ese inciso para decir que no me llama mucho –lo que yo considero- la artificiosidad en la cocina, lo más chic que hago es comer en La Máquina de La Moraleja o en Viridiana que, estacazos en la cuenta te meten como el que más –me río yo del menú de doscientos euros de DiverXO- pero no tienen una cocina que podamos calificar como, no sé, revolucionaria ni en el fondo ni en la forma.

Y no critico, conste, que la gente busque la distinción de su cocina a través de cosas que no son estrictamente platos rebosantes de garbanzos y chuletas gordas.

Soy muy seguidor de Blumenthal a pesar de que le cierren los restaurantes por sucio y aunque he hecho platos suyos, nunca he tenido la suerte de ir a uno de sus restaurantes o por dinero o por tiempo o por falta de la compañía adecuada o por las tres cosas a la vez. Pues por muy fan que seas no puede dejar de parecerte una gilipollez un plato titulado sonido de mar compuesto por algas y mariscos y que te tienes que comer con unos auriculares… no sé exactamente si porque suena algo especial o porque se oyen tronchar las algas. Pero sin embargo eso existe y hay peña que lo pide.

Escribía aquí hace tiempo que llegará el día en que vayas a comer caracoles o setas y a la entrada del local te den una cesta y te manden a buscarte la comida o a comprar el pan todo ello en aras de hacer la experiencia gastronómica más completa.

La verdad es que en líneas generales, los cocineros de alto copete no suelen ser especialistas en Schopenhauer o ávidos lectores de Hannah Arendt. Las cosas que dice Adrià sobre el paradigma de la cocina son, epistemológicamente, gilipoyeces y por mucho que hagan sobremesa con Fuster o Barenboim no dejan de ser buenos mozos y mozas de cocina, forrados de pasta, con buenas ideas sobre los negocios y magníficas relaciones con los medios de comunicación, cuando se levantan de la sobremesa siguen siendo cocineros. La pose, como las alubias, se cultiva. Y yo no me dejaba hacer una foto como la del tío de abajo que es el dueño de DSTAgE, ni de coña.

Pero nos hemos vuelto locos, el otro día decían en El Mundo que la primera mesa en sábado por la noche en DiverXO la daban para primeros de diciembre.

Quise, hace tiempo, más de un año, celebrar mi cumpleaños allí y no podían darme mesa para ningún día ni para ninguna noche –pero bueno señora, deme usted la primera mesa que tenga libre aunque sea para el cumpleaños de Adolfo Hitler, no es posible que tenga usted todo el local reservado hasta el final de los tiempos… –lo siento señor sólo tengo agenda para un mes si quiere le pongo en lista de espera para el día que me diga –ya, somos tres, entonces usted lo que me sugiere es que saque seiscientos euros del banco y me ponga a esperar a ver si a usted se le ocurre y no tiene otro compromiso mejor y me llama ese día y yo localizo a mi hijo y a mi amiga y si pueden nos vamos a cenar ¿es eso lo que quiere decir? pues mire sabe qué, que la lista de reservas es suya pero las cien mil pesetas, por cenar tres, son mías así que me voy a cenar un centollo al pijerío de La Máquina.

Según dice el árticulillo que te cito más arriba, ahora te cobran sesenta euros por reservar, al dueño le parece [sic, sic, sic] «DiverXO es una experiencia y como ocurre en teatros, cines, espectáculos deportivos o culturales, pagar por adelantado por reservar tu silla me parece algo lógico y progresista» Sin palabras.

Pero sí que hay que reconocerles a todos estos, te caigan mejor o peor –los más prudentes, que suelen ser vascos, no abren la boca- es que sí le han dado al concepto artístico de las preparaciones.

Quizá no original e importado de la cocina japonesa, con un toque gabachilandia, pero los platos son muy bonitos si lo llevamos al terreno de la experiencia artística es, no cabe duda, un esfuerzo por la visualidad que cuando lo ves en fotos –en la realidad te toca esperar hasta diciembre :)) es de boina. Terminará como la reducción de vinagre de Módena pero hay que reconocerle esfuerzo estético a los sujetos y bien que lo cobran.

Además hay juegos de texturas, de temperaturas, de contraste de sabores o de todo revuelto que magnifican la experiencia –no me atrevo ya a decir culinaria- artística. Ahí soy más escéptico porque tengo mis gustos, que me enseño mi vieja y no creo que ninguno de estos gualdraposos –y gualdraposas- sepa más que mi madre.

Pero fíjate si ellos le dan importancia al asunto, que HB ha prohibido hacer fotos en sus restaurantes porque los camatas se rebotan si la peña pierde tiempo haciendo fotos… y se rebotan por que los platos pierden sazón.

Eso es un jefe y lo demás tonterías. No me lo invento yo, lee el suelto de El País que te pongo más arriba. Y viniendo de un tío al que le han cerrado dos veces –sí dos veces- el restaurante por sucio, joder da qué pensar y sobre todo porque para lo único que quieres la foto es para decir que has estado allí.

Somos, conmigo a la cabeza, tontos del culo.

6 Respuestas a “Somos… en fin, mejor me callo

  1. “no creo que ninguno de estos gualdraposos sepa más que mi madre”
    JAJAJAJAJAJA
    Au, eres de traca. ¿Para cuando una de esas botellas que te gusta compartir con la compañía? ;)

    • cuando quieras pero ya, porque a este paso vamos a hacer coincidir la comunión de tu hijo con la confirmación del mío y por cierto, tú quién crees que fríe mejor: tu madre o arguiñano??

  2. Hace algunos años, para el stand que iba a poner la escuela donde estudié en el Salón del Mueble de Milán, tuvimos que diseñar el menaje que necesitaba Mario Sandoval para los aperitivos que iba a hacer y que se iban a dar el día de la inaguración, para ello nos llevaron al Coque y degustamos algunos de los que iban a ser los aperitivos, cosas como “nube de ibérico en gelé de no se que…” Ya no lo recuerdo. Me pareció interesante aquello de las tezturas y las formas de presentación muy distintas a lo habitual pero tampoco me pareció una “experiencia” gastronomica sublime, no lo sé, puede que las circunstancias, la presión o yo que sé no hayan hecho del momento el mejor para degustar aquellos “mini manjares”.
    Pocos restaurantes famosos y no famosos conozco y puede que no me sienta cómoda en ellos, al márgen de que no pueda pagarlos, que no puedo. Será cosa de la poca costumbre en esta clase de “experiencias”
    Un saludo!!!

    • bueno yo creo que efectivamente esas cosas tienen cierta o mucha, a juzgar por los precios, capacidad para epatar, sólo podemos combatir con buenos amigos, risas, sobremesas largas y buenas botellas de vino, beso fuerte

  3. G. y yo estuvimos, habíamos reservado justo unos días antes de la segunda estrellita.
    Es la poya. Y ya.
    No todo me pareció sublime, pero con eso de “mente abierta, déjate violar” hubo platos, o quizá momentos, que me emocionaron.
    Y mi madre también es la reostia :D

    • como sabes soy poco aficionado a gastar dinero en filetes no demasiado gordos y pagar cinco pavos más por el extra de flores en el plato, pero a una buena amiga o mi hijo si les doy el capricho… con tal de contarlo y tu vieja pues de puta madre, como la mía, ja, ja, ja!!