Ropa sucia vieja

Mi barrio está hasta arriba de contenedores de ropa y zapatos usados. Los hay de muchas marcas, la verdad es que no sé de quién son. La magra explicación es la que se ve en la foto. Podría ser el móvil de un anuncio de contactos o el del típico chica ecuatorumana, seria, responsable, busca trabajo por horas… etc. Qué lástima! La bandera de la Comunidad de Madrid supongo que le quiere dar cierto empaque de seriedad al asunto.

Siempre me han dado mala espina esos contenedores, aunque en alguna ocasión me han quitado de encima algún que otro problema de conciencia recicladora: supongo que algo bueno harán con ello ¿? Tonto, porque yo sé lo que hacen con lo que tan amablemente les acercamos hasta el contenedor.

Hace tiempo había unas tiendas que se llamaban traperías. Éste barrio donde vivo era un barrio de traperos cuando éramos chinorris. De pequeños vendíamos muchas cosas en las traperías/chatarrerías sobre todo metal y papel pero algunas veces también pan duro, no recuerdo haber llevado nunca ropa vieja a vender. Bueno de pequeño y de no tan pequeño porque la última, llevé un coche entero de fardos de periódico a una chatarrería –me costó un montón encontrarla- en Gràcia, me parece que estaba en el Torrente de la Olla abajo, y me saqué mis buenas quinientas pesetas del año –puff! a lo mejor- noventa, que me gasté en una estantería de mimbre en una cestería que había al lado de la trapería.

Ya no se distingue la trapería de la chatarrería, pero antes eran cosas diferentes. La madre de un compañero del cole tenía una trapería. La buena señora compraba o recogía –creo que compraba- ropa vieja.

La seleccionaba y la lavaba. Una parte se la vendía a tiendas de viejo, remendada y limpia, su propia casa era una tienda de viejo. No te suena de nadie que haga eso ahora?? Nos gustaba mucho ir a jugar a casa de JL porque tenía un máquina de bolas antigua… una cosa entre una máquina pachinco y una pinball… y una colección de imanes con la que ganábamos siempre ;)

Lo que no vendía de viejo lo hacía fardos que se vendían a los talleres mecánicos, no creo que para uso de oficina. Alguna vez fui  con mi padre a comprar fardos de esos para usarlos en el trabajo. También hacía muñequillas de hilo que vendían por sacos, supongo que para encerar o similar o también para limpieza de manos en épocas en las que no había celulosa industrial… tampoco hacía falta cortar árboles.

Lo que ya no valía para nada, para nada, se lo vendía a otro trapero para picarlo y hacer borra, pero no sin antes haberle quitado todos los botones, cremalleras, automáticos, corchetes, ballenas y en fin todo lo que fuera susceptible de venta separada por unidades o por kilos. Mi amiguete tenía una colección de monedas raras cojonuda, que también eran un subproducto habitual del reciclado de ropa.

No te pienses que estoy hablando del año cincuenta ni mucho menos. Esas cosas se hacían y se vendían en MAD en el año setenta y dos… aunque pensándolo mejor hace ya un huevo de años, mejor me callo.

Pues me venía a referir a eso de mi coleguita trapero, para ilustrar la cadena de valor que había montada alrededor de la reutilización de las cosas. Todavía la borra –el último eslabón de la cadena de la tienda/factoría de su madre- se usaba para rellenar cojines, colchones, muñecos y juguetes y para hacer tejidos aislantes. Los rellenos de cosas que estén en contacto con los humanos están prohibidos –norma UE- con borras de reciclaje y los aislantes ni idea pero hace unos meses tuve que desarmar el guarnecido de mi buga y tenía dentro aislante de tejido –aparentemente- reciclado.

Para la gente que trabaja en temas de cooperación, ONG, solidaridades y esas mandangas, es relativamente frecuente encontrase con el caso de la ropa vieja.

Hay muchos sitios que tienen roperos de ropa vieja que para lo que sirven es para vestir a los encargados y a sus familias… y eso ya es algo. También hay mucha gente que aprovecha la coyuntura para colocarte el armario de cualquier muerto o muerta, del que han extraído previamente los abrigos buenos, o para pasarte, como donación, dos contenedores de camisetas de manga corta que se quedaron frías después de la última visita del Papa o del concierto de Julio Iglesias de la gira Bótox 2008.

Hace unos años, también muchos, a consecuencia de unas fotos y un par de reportajes sobre la sequía en Etiopía –o Abisinia, capital Adís Abeba– se montó uno de esos arrebatos de mala conciencia que le dan a este país de vez en cuando, con tan mala fortuna de que a unos de los que, normalmente, más donaciones captan para esos menesteres se les ocurrió la feliz idea –la verdad es que la organización que tienen esos tíos en MAD es bastante patata para todo-  de aceptar donaciones en especie: ropa… se corrió la voz y puff!!! la que se montó!!

La señal que estaban esperando todos los vaciadores de armarios para sacarse toda esa basurilla que tenemos  en los rincones del alma y que da pena tirar si no es por algo a cambio aunque sólo sea la bendición por la buena obra. Bastones de esquí, zapatillas de ballet, patines, abrigos de pelo sintético para el desierto etíope… una locura.

Los almacenes se quedaron pequeños y hubo que alquilar otros, se hizo un llamamiento a los vaciadores para que dejaran de traer ropa pero ni caso y mucho ojito con hacerle a la gente volver a su casa con la donación porque la siguiente vez que les pidas otra cosa –pasta- que ayude contra el dolor de conciencia te van a decir que tururú. Mal asunto.

Cuando por fin se paso la moda de donar ropa vieja para Etiopía o se vaciaron los armarios ¿? no sé qué ocurrió antes, la situación era que había, en MAD, un tren, sí, un tren, de ropa y artefactos viejos sin clasificar, sin ninguna condición higiénica y sin ningún tipo de garantía de nada: material no apto para ayuda humanitaria… una gran cagada era lo que había dentro de esos contenedores.

Entonces se pensó que lo mejor era enviar todo a VLC –que era el puerto desde el que saldría la ayuda- y que por el camino –como las palomas que retira de la circulación el ayuntamiento de mi pueblo que dice que no las mata, que las envía a unos palomares que hay en la provincia de Valencia, hay que joderse!!!  pues eso, que por el camino a Valencia que se perdieran. Conociendo, como conozco, a la peña que organizó aquel cotarro lo más seguro es que pensaran que una buena idea era llenar el tren de voluntarios y que fueran tirando la ropa al campo durante el viaje. Cualquier cosa que me digan me creo.

Se impuso la cordura –como salga eso en el periódico la cagamos- y se llevaron a las palomas hasta el puerto de VLC con la esperanza de que la cosa se olvidara y poderse deshacer de aquella basura. Cuando los contenedores llegaron al puerto, el dueño –del puerto- dijo que le parecía muy bien que aquello fuera ayuda humanitaria, que los de Etiopía estuvieran pasando hambre y bla, bla, bla, bla pero que eran quinientas mil pelas al mes de alquiler por guardar los contenedores y que si no te interesaba que los devolvieras a MAD o que los tiraras al agua. Nueva crisis.

Por allí parecieron unos tíos que dijeron que ellos hacían cooperación al desarrollo y que compraban al peso todos los contenedores. La solución.

El negocio era sencillo. Lo explicaron.

Eran traperos de última generación y sólo intermediaban. Se encargaban de enviar todo desde Valencia hasta Orán, que está bastante cerca, en el transporte más barato posible normalmente comprando volumen de última hora en barcos que iban con media carga o de vacío… no les importa mucho cuándo y las condiciones del viaje.

Allí –o ya desde aquí- le revendían la carga a otros traperos que vaciaban los contenedores y hacían una primera selección de lo que merecía la pena –camisetas del barça, ropa molona o más nueva, ropa de marca, deportivas de marca aunque estén gastadísimas… etc, etc- que lavaban –o no- y revendían allí mismo.

Todo lo demás, lo clasificaban, lo hacían fardos y lo llevaban en camión o en otro barco más al sur, a lo mejor a Nigeria, Chad, Camerún o Mali… a lo mejor alguna cosa llegó a Etiopía :(

La cosa funciona básicamente así, aunque es un poco más compleja.

Cuando haces una donación de ropa mediante uno de esos contenedores lo que te imaginas es que esa camiseta o ese vestidito dos tallas más pequeñas de la que ahora necesitas, va a llegar de una manera u otra a una persona que lo necesita pero la verdad del cuento es que llega –cuando llega- más bien de otra que de una.

El punto de más valor añadido de la cadena de este negocio de los roperos de beneficencia está en la clasificación. Las organizaciones que consiguen los permisos para poner los contenedores en la calle normalmente no clasifican, lo que hacen es vender esa ropa a un mayorista y hacer líquido tu donativo; eso, en el supuesto de que verdaderamente el tío del teléfono móvil del contenedor de mi barrio sea una organización de beneficencia, será lo más cerca que esté tu camiseta de hacerle un favor a alguien necesitado aunque favor, favor sí que haces a mucha gente; sigue leyendo para que te enteres.

Algunas organizaciones de –aparentemente- beneficencia sí tienen centros de clasificación y no venden la ropa a traperos mayoristas, ellos son traperos mayoristas. Un ejemplo es humana. Se dice que humana es el brazo comercial de una secta danesa que se llama Tvind que se dedica a temas educativos sectarios y que pasa por ser una de las que llaman sectas destructivas. No tengo ni idea de si eso es o no cierto, pero no me extrañaría porque hay cada peña en esto de la beneficiencia.

Si tienen mano de obra barata clasifican in situ si no se carga en contenedores de trasporte –tal cual tú la echaste- y se envía a centros de clasificación, muchas veces en África con mano de obra bengalí, hay gente todavía más arrastrada, pero no sólo porque en la actualidad también se clasifica en Europa ya te puedes imaginar con quién, espero que al menos les dejen llevarse las camisetas de fútbol para los niños :(

La clasificación se hace por varios criterios normalmente de calidad y estado de uso de la prenda y después por tipología: ropa de casa, de niños, de mujer, etc.

Una parte importante –normalmente lana- se separa para reciclar y fabricar fibras nuevas, que harán tejidos nuevos para confección normal, así que es muy posible que termines comprando un abrigo de paño de lana fabricado con tu donativo.

Lo inservible se pica –después de haber quitado todo lo metálico, como la mamá de mi amigo- y va para la fabricación de fibras industriales –el guarnecido de mi coche.

Todo lo demás se pone en balas y se vende a intermediarios que lo ponen en el mercado de destino. La bala de ropa ya no se va a abrir hasta que llegue a su punto de destino final.

Los mayoristas de ropa usada del país de destino compran contenedores de ropa al trapero clasificador. El precio es diferente en función de lo que vaya en cada fardo. Es más caro en función de la calidad y de si la ropa va clasificada por tipo o no.

Hace unos años tuve que hacer varios miles de camisetas para un rollo promocional. Los tíos a los que les encargué las camisetas –venían confeccionadas de India y se imprimían aquí- me explicaron que a ellos  los mayoristas les obligaban a comprar un porcentaje de cada una de las tallas disponibles y que así las vendían, si quería sólo tallas medianas y grandes –no tenía previstos niños en la promoción- me tenían que prorratear el coste de la materia prima aunque no la quisiera ¡¡!!

Los de ropa usada hacen lo mismo, con cada lote de ropa clasificada les tienes que comprar otra cantidad de fardos de ropa variada –también ponen calzado dentro de la ropa- e inclasificable que si no ellos se tiene que merendar. En un reportaje de televisión de hace unos años salía como hacían la composición de los fardos, por ejemplo: dos pares de zapatos de hombre, dos de mujer, dos deportivas, tres camisetas de fútbol usadas y así sucesivamente… es, si no fuera un asunto tan lamentable, gracioso pero tiene un sentido comercial claro, ya verás.

Te dije que era un negocio de intermediarios. El tío que clasifica la ropa, normalmente el europeo que le compro a la ONG los donativos, vende al contado o con una bonita carta de crédito con lo cual los únicos que pueden acceder a esa mercancía, que valía cero pesetas cuando tú la llevaste al contenedor, son los propietarios de capital de los países de destino.

Efectivamente la ropa proporcionó alguna riqueza –te puedes imaginar cuánta- a la gente que la clasificó y manufacturó la mercancía y a todos los que toquen los fardos hasta que alguien finalmente corte los flejes en algún pueblo de África o de Pakistán, pero más le proporcionó al que puso el contenedor en la calle, a quien compró el donativo, al trapero clasificador, a los transportistas, a los agentes de aduana y a los traperos de destino. Insisto en que esa ropa no valía nada en tus manos.

Los traperos mayoristas de destino revenden los fardos sin abrir a distribuidores locales. En función de la calidad y la clasificación de la ropa se puede reprocesar localmente por empresarios que tienen dinero para comprar máquinas de coser: por ejemplo cortando mangas de camisas, poniendo botones, haciendo ropa de niños a partir de ropa de mayores y mil formas más que la madre de mi colega sabía hacer cuando África empezaba en los Pirineos. Pero también se venden tal cual a distribuidores locales, que es cualquiera que tenga los ciento y pico euros que vale –en destino- cada fardo de setenta kilos o así. Fíjate lo que ha crecido tu donativo.

Todavía esos tíos o tías –los que tienen esos pocos euros- abrirán el fardo y lo revenderán en pequeñas cantidades a minoristas –que es cualquiera que tenga diez o doce euros para comprar dos camisas, dos pantalones, una camiseta y un par de zapatos usados- que a su vez venderán por unidades al usuario final, a aquel que tú pensabas que beneficiarías con tu ropa de segunda mano.

Si vives en Rwanda, quizá tu madre vaya a la tienda de tu pueblo e intente buscar una camiseta bonita para que estrenes en tu primer día de colegio… te aseguro que el euro o los céntimos que va a pagar por ella son los mismos en proporción a los que pago yo cuando le compro a mi hijo una camiseta bonita para que estrene en su primer día de cole después de las vacaciones. Si no vives allí a lo mejor ves por la televisión a un niño con la camiseta bonita que se le quedó pequeña al mío e igual piensas que el donativo llegó. Menuda mierda.ropa vieja

Ropa sucia vieja, añádele valor a las sobras del cocido. Son un subproducto habitual en mi cocina. Se podría decir que desde septiembre hasta mayo en mi casa vivimos de sorber caldo de cocido… a juzgar por la cantidad de decibelios que emite el orco al sorber también podríamos pasar sin radio :)

Ya hace tiempo que desistí de hacerle comer garbanzos –los que salen en la foto son de atrezo-  y verdura de cocido por lo que sólo cuezo carne, huesos, un par de zanahorias y, eventualmente, algún puerro. Desde hace algún tiempo compro carcasas de pollo en el Carrefour con lo cual también le doy un apretón al presupuesto. Un minúsculo trozo de gallina en el Hípercor vale como euro y medio-dos euros.

A veces, cuando la carne de vaca es extremadamente mala, el codillo no tiene jamón y en vez de gallina es carcasa de pollo, los restos que saco son una piltrafa que hay que mandar a la basura –la grasa la guardo para jabón- pero tengo que decir que las cachas de mi bonita navaja suiza de bolsillo están hechas con un hueso de vaca de un cocido que me comí hace seis o siete años ;)

Cuando hay algo aprovechable lo congelo y cuando los tupperwares se salen por la puerta me hago –para mí porque éste ni lo prueba- unas sesiones de ropa vieja. Algunas veces a la canaria o a la cubana pero las más simplemente con cebolla, tomate y comino.

Limpia la carne de piltrafas de grasa, pieles y etcétera. Trocéala no muy pequeña. Fríe un poco de cebolla y añade media lata de tomate triturado, vueltas, vueltas, vueltas. Sal, una pizca de azúcar y lo que te apetezca de comino molido, vueltas, vueltas. Añade la carne troceada, vueltas.

Mi madre lo dejaba en la sartén hasta que se churrascaban los garbanzos, pero yo siempre tengo prisa en comerme la ropa.

Abrazos.

Por cierto se me olvidaba contar cómo terminó el cuento del tren de ropa vieja. Pues se lo vendieron a los traperos, con tan mala fortuna que la prensa estaba al quite y cuando salió el primer camión del puerto publicaron que estaban vendiendo las donaciones y tuvieron que parar. Con parte de las donaciones económicas que se habían obtenido para esa campaña de ayuda pagaron el alquiler de los contenedores y del espacio donde estaban y, finalmente, cuando las cosas se calmaron, se deshicieron de todo en un vertedero… creo, pero no estoy seguro, que lo llevaron a quemar a una cementera.

8 Respuestas a “Ropa sucia vieja

  1. Parte de ropa vieja iba también a fábricas de papel (tipo papel paja, el que se usaba y se usa para hacer cartón) -el papel paja se hace con paja, papelote (papel viejo) y algo de ropa. Así se hacía en la fábrica de mi padre por los 30, 40, 50, 60, 70. Desde entonces ya no le sigo la pista. La ropa usada la puedes encontrar aquí a muy buen precio, por cierto, en las tiendas de las ONG que hacen de esto su misión y como me imagino que no queréis publicidad no digo nombres, pero hay una en la calle Ríos Rosas, en la acera de los impares cerca de la Escuela de Minas.

  2. Se me olvidaba en el comentario anterior, el escudito Comunidad de Madrid seguro que no es otra cosa que reconocer la subvención recibida para tamaña tarea. Es norma de subvenciones. En cualquier caso espesitos ellos, he llamado al móvil del cartel, se oía ruido de taller, dicen que no tienen página web ni sitio donde ir aparte de los contenedores. Traperos subvencionados.

    • joer pilar, estás hecha una detectivesa… yo no creo que la bandera de MAD sea resultado de una subvención sino más bien un ejercicio de confusión, en otros contenedores que hay por el barrio dan más información de esa que tú les has pedido por teléfono y lo de la tienda de segunda mano supongo que te refieres a humana ¿? me suena que está por allí… hay varias por este pueblo se dice que una organización poco recomendable, no lo sé, un beso, gracias por leerte estos tostones ;)

  3. Muy interesante. Hace años vi el reportaje al que haces referencia y decidí no dejar ninguna bolsa de ropa en el portal (en Bilbao en los 90 pasaban las “ONG´s” a recoger la ropa por los portales algún día a la semana.
    Como dice mi madre “lo que uno no quiere, ciento lo desean”, mira tu la pasta que se saca.
    Lo de tener un colega con madre trapera es un puntazo, si tu amigo tenía colección de monedas, que no tendrá el que hace la primera selección.
    Yolanda

    • en MAD también hacían eso antes de poner contenedores, en mi casa estaba la ropa rodando por el portal una semana hasta que el portero la tiraba… y sí aquel man manejaba siempre mucha chatarra: monedas, insignias, llaveros y mandangas de esa onda, supongo que su madre, si hacía la primera revisión, tendría billetes y él agarraría lo que quedaba en el bote ;)

  4. Guau. Yo he tirado bastante ropa a los contenedores, ahora intento comprar menos (y tirar menos, por lo tanto) e incluso alguna vez aprovecharla para hacer muñecos.
    Eso sí, el colmo del reciclaje es lo de tu navaja de hueso, me ha dejado patidifusa. Y la ropa vieja… mmmm, el orco no sabe lo que se pierde con los garbanzos :)

    • muñecos?? está prohibido, vas a ir a la cárcel ;) ¿es verdad que haces visitas guiadas a tu taller de ebanistería?

      • Je je, bueno, aun no tengo un servicio de visitas organizadas, pero los amigos son siempre bienvenidos :)
        ¿A la cárcel? ¿Por hacer muñecos a mis sobrinos!? :/
        B*