Callos al estilo de Caen Tripes a la mode de Caen

Me gustan las tardes de domingo. Cuando era jovencito siempre pensaba que cuando fuera mayor –te referías a tan mayor como ahora, hermano?? ja, ja, ja, ja!! pues eso que cuando pudiera quitarme a mis viejos de encima y tener una casita donde ponerme al abrigo de la menopáusica crítica implacable de mi madre, dedicaría todas las tardes de domingo de mi vida a hacer comiditas, memoria y propósitos de enmienda.

La tercera hace tiempo que la cambié por oír música y las otras dos las practico con fruición siempre que puedo.

Esta tarde callos –le tengo debilidad a los mondongos no puedo evitarlo- y vacaciones… puf!! sólo pensar los meses que me quedan para poder perder de vista la ciénaga me hace saltar las lágrimas… pero las vacaciones las pasamos bien este verano, me hace bien recordarlas cuando me asalta la infinita  tristeza de volverlas a esperar.

Por una vez, y probablemente no será un precedente, estuvimos de acuerdo en el sitio… obviamente siempre vamos donde quiero yo –sólo faltaría- pero me gusta darle a todo un cierto aire de acuerdo; me parece que el engaño recurrente contribuye a la educación de mi hijo, yo he tardado tiempo en darme cuenta  de que siempre me están engañando y cuanto antes se cosque él de la movida mejor, pero bueno supongo que sobre eso habrá opiniones ;)

Pues bueno que me programé un viaje por la profondeur de la France, desde Poitiers –por cierto Futuroscope un poco pesadito- hasta Caen. Pensé que el interior de Francia me aportaría grandes satisfacciones gastronómicas y enológicas además de varias oportunidades para surtirme de harinas y chucherías de alta calidad y desconocidas en nuestras latitudes.

Craso error. Francia por dentro es más o menos así…

… largos trayectos de carreteras secundarias sin un bar, resto interesante o siquiera una tienda con alguna cosa que te haga gracia… un suplicio de doner kebabs, hamburguesas, mejillones con mantequilla, patatas fritas congeladas y Côtes-du-Rhône Don Simón, un desastre.

Menos mal que en Normandía nos agenciamos un alojamiento afortunado y pudimos cumplir algunos de los objetivos del viaje.

Mi primo, por supuesto, vio todo lo que quería ver, omito –por obvias- las fotos de los cementerios gringos, alemanes, playas, cañones, fortines, el soldado Ryan… aquello es un puto parque temático de la destrucción.

Mis objetivos eran: comer bien –preferentemente tripas- y atravesar la bahía del Mont Saint Michel a patola los cumplí a medias.

Bueno lo del Mont en verano, mejor ni te arrimes: disneylandia.

Todavía si ves la cosa desde otro punto de vista -Minas Tirith- le queda cierto encanto. Si te caes por allí  no dejes de hacer la ruta de la bahía,  te la dejo con algunas fotillos aquí.

Lo de la comida es más peliagudo. La cosa empieza con los horarios puteantes que se gastan.

La noche –para ellos, porque eran las ocho y media de la tarde- que llegamos a Crépon –la foto del manoir de más arriba- le dije a la dueña de la pensión que me recomendara un buen resto que estuviera cerca , lo hizo –y me reservó la mesa en un pueblo de al lado- pero me advirtió que tenía que estar allí antes de las nueve y cuarto –sí 21:15 hrs- porque la cocina cerraba a las diez, al loro:  un dieciocho o diecinueve de agosto en un pueblo con castillo de Guillermo el Conquistador incluido y diez o doce hoteles, podría ser un equivalente suyo  a nuestros  Covarrubias o Ciudad Rodrigo.

Y eso por la noche, porque por el día en cuanto te despistes un poco y te dé la una de la tarde tomando el vermú en cualquier garito, no comes hermana! te toca meterte en un Carrefour express a por pan excongelado y jamón de Bayonne, que también tiene tela lo del jamón ese.

Así que al final –sobre todo para que no piensen que eres tonto del culo cuando entras en un restaurante a las dos de la tarde y preguntas si tienen mesa- rillettes variados en lata, toasts y coca cola de la máquina de bebidas y a no despistarse mucho con la hora si quieres cenar caliente.

El otro gran problema es localizar buenos sitios para comer. Menuda cosa dirás, pero sí, mona, los criterios de calidad de los visitadores de la guía Michelin son bien diferentes a los nuestros –o al menos a los míos- y te llevas muchas sorpresas.

Lo habitual es que cuando la guía te dice que es un restaurante correcto, sea un sitio como el de menú de debajo de tu curro pero de a cuarenta euros por cabeza –sin vino; si el garito está bien, será un sitio muy esnob con camareros manieristas  y una presentación de platos híper rococó, al que en tu pueblo irías una vez porque un colega tuyo te ha dicho que está súper molón y no volverías mai més, te van a soplar unos ochenta palos por cabeza –hombre y niño- y no vas a beber más que una copa o dos de vino y olvídate de chupitos, gintònics con angostura y otras vainas refinadas peninsulares. Si el restaurante tiene estrellas y tu coche no, mejor ni vayas porque en cuanto te vean te van a decir que no tienen mesa o –si haces la reserva por teléfono- que désolés pero que tienes que esperar más de una hora: son así… si, finalmente, te decides a ir, mejor que sepas que tampoco les gustan mucho los niños :((

En los rulitos que dimos por allí: Caen, Cherburgo y Avranches no vimos nada que mereciera especialmente la pena quizá éste de la foto es el único recomendable… Le Carlotta en Caen donde me apreté un magnífico plato de tripas de la manera más heroica es decir sin vino y en la cena –menuda nochecita- pero era mi única oportunidad de probar esos callos en Normandía… los hago en casa –la semana que nació mi hijo me acuerdo que tenía una olla hasta arriba- pero nunca había visto ni probado los originales y menos con patatas…

… los callos a la moda de Caen son una pésima manera de comer callos. En mi caso son una concesión a mi gabachofilia pero reconozco que frente a cualquiera de los mondongos peninsulares, juegan en segunda división.

La particularidad que tienen es que se cuecen en un caldo de sidra y verduras, con un poco de aguardiente de Calvados y tocino. Están bastante buenos y son menos pesados que los habituales… probablemente por eso el camarero no me echó a patadas del local cuando le dije que me los pensaba cenar.

Limpias los callos, les das un agua y un hervor y los refrescas para trocearlos. Si los tienes limpios y troceados te lo puedes saltar.

Para un kilillo de callos le pones: una cebolla con un clavo clavado, un par de trozos de tocino –yo me los ahorré- un par de puerros, un trozo de apio, un diente de ajo, sal, pimienta, un bouquet garni –atadillo con perejil, laurel y tomillo- un poco de guindilla –no son muy picantosos- una botella de sidra natural y medio vaso de Calvados –no tenía aguardiente de ese y no se lo eché y dudo que lo hubiera hecho de haberlo tenido- además le puse un par de zanahorias y algunos nabos que daban vueltas por la nevera.

Eso se pone todo junto en un olla y hasta que se hagan los callos. La verdura se debería retirar antes de servirlos dejando algunos trocitos testimoniales por lo que no interesa picarla mucho.

Yo los hice en olla rápida a fuego muy suave una hora y media larga. Han salido tiernos, en su punto.

6 Respuestas a “Callos al estilo de Caen Tripes a la mode de Caen

  1. Salvatierra de Barros

    Está claro, a por unos callos en cuanto se tercie. A ver si pillas o haces la Trippa a la Fiorentina y nos lo cuentas (tengo un buen recuerdo de mi época italiana, aunque costaba encontrarlos). Y, por supuesto, unos buenos “garbanzos con menudo” o unos “callos a la madrileña”. Hay que ver lo ricas que son las tripas.

  2. Tienen muy buena pinta. En mi casa siempre se ponen igual, a veces sólos, otras con patas de cerdo y morro, picantes y con tomate.
    Respecto a las vacaciones, yo siempre que me voy de vacaciones en verano me compro alguna pulsera de hilo, no me la quito para nada, hasta que termina rompiéndose. Me la pongo en la muñeca derecha, y así cada vez que uso la mano derecha la veo e inconscientemente me recuerda las vacaciones. En este momento tengo dos, están las pobres hechas polvo, pero aún durarán unos meses.

  3. querida almendrera eres una viciosa, en el sentido más cariñoso de la palabra, del mondongo, veré qué puedo hacer con lo de la fiorentina, bss

  4. bueno yolanda eso significa que en cuanto se te rompa la pulsera deshilachada te tienes que volver a ir… qué gracia, la gente tenemos unas manías de lo más raro… eso antes era una costumbre de las novias sudamericanas -no sé si los novios también- tenías que volver a visitarlas antes de que se rompiera porque si no era mal fario :)

  5. pero a ver ¿pá que te vas al norte de la france? el norte no mola, joer, hay que irse pá la zona de Lyon, la Drôme, el sud-ouest, el Périgord, o los Hautes-Alpes, los sitios civilizados de Francia. Más al norte ya tienen influencia anglo o sajona y no vale la pena. Si es que pareces nuevo…. y para comer tripas vete a Lyon que tienen las andouillettes esas, que yo era incapaz de comerlas (soy casi vegeta, qué quieres que haga).
    En Francia yo comí muy bien. Eso sí, es verdad que había que saber donde se metía uno. Porque en general era más caro que España. Pero los mercados, eso sí que era una maravilla. Y el pan…. y los croissants, y la repostería en general. Al menos en el sur :ppppp
    Contra los vinos Côtes du Rhône tenía mucho prejuicios, hasta que probé en Lyon unos cuantos que valían la pena. Pero es cierto que lo que venden fuera de la zona deja mucho que desear.
    A ver si me marco un viajecito a la France que hace ya un año que no voy. Eso sí, a la zona molona :)

  6. joer, jonjo!! qué tía más dura eres!! porque sé que me quieres… menudo chorreo!! ja, ja, ja, ja… cuando tengas un tío de diez en casa ya me vas a contar a mí lo que vale un peine… agricultora!! beso