Pan gallego terapéutico

Ayer fue uno de los peores días de la quincena. Ya lo barrunté yo el domingo por la tarde y no quería ir a la ofi y menos por la tarde, lo dejé escrito aquí. Gimoteé un poco pero el orco me dijo que si él tenía que ir al cole a mí me tocaba currar…… le di toda clase de argumentos pero, lamentablemente, pasó de su papi con su habitual juego de cintura y un hábil cambio de banda.

Estuve en una reunión de bachilleres ¡qué nivel! me flipa la peña que sabe poco leer y casi nada escribir, menudo pavoneo que se gastan. La técnica es cargarse todo lo que no entienden, no sea que, como no entienden nada, se la vayan a estar metiendo doblada. Carajo, si la envidia fuera tiña!!

Ya lloré bastante ayer así que no os voy a explicar el cuento; la cosa es que me agarré tal cabreo negro que 1) le pegué una bronca a un taxista que me quería cobrar cinco céntimos –sí, cinco céntimos de euro- de más que me dio el ticket y el tonto del haba salió zumbando sin la pasta ja, ja, ja, ja, menudo gil del candil 2) recogí al orco –que de nuevo salió indemne- a las tantas, le hice una cena de trámite, me metí en la cama, encendí la radio y me escuche todos los informativos de la noche hasta las seis y media de la mañana –pregunta, pregunta.

y 3) Así que, esta mañana me he dicho que bien estaba el orco en el cole, que bien estabais vosotros trabajando y bien los bachilleres subiendo nota -a ver si podían colgar algún papel en la entrada de su despacho- pero que yo estaba mejor en mi kel haciendo este magnífico pancito gallego relajante. Creo que voy a hacer fin de semana largo.

Me ha llamado mi jefe, le he explicado cuál era la situación –no he insistido mucho con el tema de las tasas de hidratación de la masa- y me ha dicho que lo entendía y que me relajara. Creo que voy a hacer fin de semana largo.

Anoche, cuando todavía no había decidido que hoy iba a pasar de currar –una muestra más del poder del inconsciente- preparé una masa de arranque con doscientos gramos de harina común, doscientos centímetros cúbicos de agua y treinta de levadura fresca. Estuvo un rato –mientras yo recitaba varias jaculatorias- reposando al calorcito –como media hora de oraciones- y para la nevera toda la noche.

A las siete y media –empezaba el drama de la mañana- cuando me fui a llevar a mi primo al cole, lo saqué y lo dejé que se templara.

A las nueve –ya había tomado todas las decisiones del día- lo junté con cuatrocientos sesenta y cinco gramos de harina gallega de fuerza –era lo que me quedaba en la bolsa- trescientos veinticinco de harina de trigo do país galego y sal. Eso, con los gramos del fermento del cuento, deben hacer unos mil noventa gramos de harina, o sea: un kilo.

Al conjunto le añadí, en dos veces, ochocientos centímetros cúbicos de agua templada lo que, con el agua que llevaba el fermento previo, hacen mil centímetros cúbicos de agua, un kilo, o sea: una masa hidratada por encima del noventa por ciento ;)

Amasé, amasé, amasé –a máquina- unos veinte minutos y dejé reposar en la cubeta otros quince. Lo saqué.

Excuso decir el tipo de mierda de masa con la que me estaba enfrentado: blandiblú. Llené la mesa de harina de centeno y le hice cinco minutos de plegados. No entro en detalles por lo escatológico del asunto.

Al horno templado, dentro de un bol grande, una hora. Fuera y plegados por cinco minutos más. Al horno otra hora e ídem. Al horno media hora y otra vez y más medias horas hasta sumar cuatro horas en total.

Según vas avanzando en el asunto, la masa es cada vez menos pegajosa. En las dos últimas sacadas ya ni se pega al bol :)

Bien, pues se pone el horno a todo meter en la última media. Se saca la masa y se le hace un formado rápido, en forma de gran bollo y el moño de arriba que es la parte más terapéutica –psicológicamente hablando- del cuento porque es como un gran pellizco que le das a la vez que retuerces y le sacas un trozo de masa para dejarlo sobre el bollo, pero sin despegarlo. Descomunal!!!  poder hacerlo en la realidad y a mala hostia!!! ja, ja, ja, ja!!!

Y nada, al horno –con vapor- a toda mecha por diez minutos, a 200º C otros treinta y quince más apagado.

Reposo de una hora fuera y esto es lo que sale. Pan no blanquísimo, muy tierno, húmedo, sabroso, aroma medio, corteza no excesivamente dura pero no blanda….esto es un puto pan de casi dos kilos y lo demás son vainas.

Estoy por hacer otro mañana ;)

7 Respuestas a “Pan gallego terapéutico

  1. Estoy pletórica! he ido a correos y remumo alegría por los cuatro costados…
    Que derroche de cariño.
    Te envio un correo… :)
    Petons!

  2. Glups! quería decir rezumo, y no “remumo” se me ha espacado el dedo… :(

  3. ¡Vaya día!! El día parece que fue horrible, pero el pan te ha quedado genial!

    Unha aperta pra ti

  4. hola maragda, bienvenida por aquí; te perdono el remuno que se te ha espacado seguro que han sido los nerviso bss y hasta cuando quieras

  5. horrible?? para nada, fue de pm, lo que fue horrible fue el lunes; ayer las gocé haciendo de absentista profesional; el pan quedó de coña, la harina de mi amiga C es, también, de pm…..otro para ti :)

  6. Pues me he reido mucho a costa de tu mal día, lo siento!!!

    Un puto pan de dos kilos estupendo! Hay que ver, lo que me haces decir!!

    Abrazos.

  7. prefiero que digas palabrotas a que te rías de mí ;) bss