El pan que quería [quiso] ser gallego

la bola del bollo salió un poco estruendosaLlevaba días queriendo estrenar esta fariña que me regaló C. Parece ser que la producen unos polakos entusiastas de aquello. Hay muchos apellidos catalanes o similares –de gallegos de toda la vida- por allí… ahora me salen Crusat y Portals de los que tengo referencia cierta de su galleguidad más absoluta. Este Crusat insiste en que su apellido es de las Rías baixas desde la época de los celtas o incluso más.

la etiqueta me gusta mucho

Me explicaron hace tiempo, que la industria conservera la montaron franceses y catalanes a mediados-finales del s. XIX, me tiene buena pinta el bulo, aunque como chascarrillo me lo contaron. Parece ser que con la hariña pasa lo mismo que pasó con las sardiñas.

Cuando me puse a hacer el pan, estuve echándole un vistazo al paquete de harina –poco que ver tiene, ya se ve- y me reía de cómo es posible meter la pata en tan poco espacio, con tan pocas palabras y tan parca concesión al diseño y a la decoración. Fue quizá el entusiasmo nacional de un tipógrafo santiagués o la ultracorreción de uno de Tortosa, pero ahí le cascaron una hariña a la composición del producto –fíjate tú, que ya es difícil: un solo componente y cagarla- que es como el dintre i el dins en BCN. Hasta la RAG –no así el sr. Google, mucho más castellanizante– dice: Non se atopou o termo y el DRAE dice lo propio: La palabra hariña no está registrada en el Diccionario. En fin, la errata del post.el idioma le jugó una mala pasada al gallego

Pues eso, que después de reírme un rato me dispuse a hacer un pancito a la gallega aunque, después, me salió un poco francés. La intención era buena.

La harina no es blanca; tiene así un color grisáceo y una textura más suelta que las harinas habituales de trigo; está menos apelmazada y cae mejor en la mesa –se puede espolvorear como si fuera sal.

La receta se la copié a y fue un error  porque ella tiene tendencias –por razones de odios viscerales que no hacen al caso- gabachizantes y –a mi entender- tanto a ella como a mí, nos salió una especie de pan con pezón molón, con pinta molona y con una miga molonísima –mejor la suya- pero que tiene poco que ver con la del pan gallego que tengo en mi memoria, que se me parece más a ésta, quien tuvo retuvo.la miga húmeda y rústica

Yo fui más allá y sólo utilicé hariña. Lleva: doscientos gramos de masa madre de esa harina, doscientos cincuenta de harina, trescientos de agua y una cucharada de sal.

El primer amasado se lo hice a máquina y después menudo lío para hacerle plegados al engrudo que sale. Pues así las cosas lo he tenido fermentando tres horas en el horno templado haciéndole cinco plegados cada media hora. Después otra hora y media dentro de un cesto y horneado diez minutos a 250º C, quince a 220 y otros diez dentro del horno apagado, creo que podría haber estado otros seis o siete más.

La bola de arriba ni cuento cómo la puse, pero es verdad que se hace al final, como si fuera una guinda ja, ja, ja, ja.pan ¿gallego?

Ahora, eso sí, el pan –mucho cuerpo, miga oscura, húmeda, con un sabor y un aroma increibles- estaba co-jo-un-do!! tanto es así, que ha aparecido –por sorpresa- una de las gorronas a ver qué pillaba y la hemos detenido en la puerta con media hogaza en las enaguas :)) no he sido yo –a mí no me gusta el pan- ha sido el orquito con el argumento de que él quería el bocata de mañana con ese pan. Gracias niñito, gracias C.estaba de coña, el pan

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