La felicidad y los molletes

buena pinta, pero no eran molletes

Hace un tiempo un amigo escribía un texto donde aproximaba su concepto de felicidad al de comerse un mollete –supongo que recién tostado- en una terraza de la provincia de Cádiz. Me hizo gracia porque, con mollete o sin él, también se aproxima al mío.

Meses después le vi y se lo dije. Se explayó más y me contó alguna de las circunstancias de por qué esa felicidad y curiosamente no eran muy felices –las circunstancias- pero la sublimación es la sublimación y el tipo lo recuerda así de bien. Ya se dice que: las penas con pan son menos penas. Será verdad.

Y el caso es que desde entonces llevo intentado, con resultados desiguales, hacer unos molletes presentables. Ya no lo tengo en la memoria, pero me parece recordar que a G tampoco le salieron muy allá cuando los hizo para evocar aquellos días de feliz desdicha. A mí, desde luego, tampoco me salieron cuando le copié.

mala pinta pero estaban de coña

En esta ocasión me los he currado con masa madre y levadura.

Como de costumbre no tengo unas mediciones muy precisas pero con un poco de atención se sacan fácil. Les puse medio kilo de harina de trigo corriente y unos doscientos gramos de masa madre ácida. Partes iguales de leche y agua; una cucharada pequeña de sal y media de levadura seca, un chorro de AOVE. En total la masa pesó un kilo justo.

La amasé, amasé, amasé –naturalmente a máquina, que uno no está para esfuerzos, ni gollerías- le hice unos pliegues y la dejé fermentar, tapada con una bolsa de plástico, dos horas a unos 24o C.

qué pena no poder pasear entre ellos!!

Hice porciones de 100 gr. y las boleé. Reposaron otra hora y media. Calenté el horno a 175 o y las hornee 23 minutos sobre bandeja metálica de IKEA y otros cinco directamente sobre la piedra del horno.

da un poco de grima verlos tan blanquitos, pero como el cholate ¡estámuy bueno!

me costó hacer esta foto y uqe se notaran poco los que se me habían abierto

En esta ocasión me salieron bastante bien.

la miga muy buena, si los haces más aplastados, se rompen menos y aprovechas más -si no te gusta la miga-

Un poco ácidos de sabor –como manda la sra. Madre- pero bastante parecidos a los originales. Quizá debería haberlos hecho más planos y se hubieran roto menos. Bastante ricos; los dejaré congelados para las felices mañanas de domingo, del otoño incipiente en Sanchinarro.

las mermeladas son nuestras....una de ciruelas claudias de León y la otra una jalea de moras de Cercedilla

2 Respuestas a “La felicidad y los molletes

  1. Leches, lo que he tardao yo en releerte. Veo que esto de la felicidad va por barrios, y en los chinarros la cosa progresa, al menos los domingos…o ya los acabaste, pasado tanto tiempo, hasta que vi el post?

  2. igual queda alguno congelado, ni idea porque tengo un buen carajal de conge y de vida; y de los molletes pues tres cuartos de lo mateix