
… se terminó lo que se daba; las pobres tomateras, como claramente puedes intuir de su aspecto, no dan más de sí.
Algunas guindillas vascas. Poco a poco, pero al final tengo un frasco hasta arriba en vinagre :)
Y es una lástima porque, como los humanos, justo te mueres cuando mejores frutos estás dando, no te lo digo en broma… mira,
No sabes qué hacer con tanto tomate, si tuviera ganas de escaldar y pelar los haría en conserva pero a setenta céntimos el bote de tomate entero pelado –que seguro que son mejores que los míos- como que no. Los iré regalando o gastando en ensaladas, tampoco son la gran vaina.
Empieza, eso sí, la temporada de los tupinambos –aguaturmas, ja, ja, ja, ja!!! a ver si este año aclaro un poco los tubérculos porque van a terminar durmiendo conmigo ;)
… y este año la novedad son cuatro o cinco granadas como una mandarina de grandes, en un par de semanas veremos qué tienen dentro.
De momento los tomates han ido para hacer salmorejo.
Hace un par de semanas hicimos una fiesta en casa. Paella para quince que-ma-dí-si-ma. Menos mal que la gente no hizo caso a la consigna de no traer nada porque terminaron comiendo salmorejo mojado con pan… sí, sí… pan con pan, comida de … pero al que se le quemó el arroz fue a mí.
Hasta vergüenza me da contar la receta del salmorejo: tomate, pan duro –si puede ser candeal, mejor- sal, aceite, vinagre y un par de dientes de ajo. Todo pasado por batidora y después por el chino. Tiene que quedar un puré espeso así que, según como sean los tomates, a lo mejor no necesitas ni echarle agua. Así está hecho hoy.
La guarnición: jamón frito y huevo duro.
Suerte!

Antes se veían carteles en los bares de la carretera hay tortas de alajú, ahora sólo se encuentra –fuera de las tiendas de turistas- en las ferias de los pueblos, en las casetas del turrón. Nunca lo había probado hasta que éstas se enteraron de que tenía una receta para hacerlo –es de Carlos Valencia- y después lo compré una vez para ver cómo sabía el que no hacía yo :)
Se ralla el pan duro y se tuesta un poco en una sartén grande. Se muelen las almendras –sin pelar- en una trituradora. Las almendras tiene que estar bien secas porque si no sacarás ¿a ver si lo adivinas? Se funde la miel en una cacerola grande a fuego lento y se junta con el pan y las almendras. Le añades ralladura de limón y de naranja –nosotros usamos esencia de naranjas y limones bío. Lo meneas todo y lo dejas enfriar. Si tus almendras son industriales le puedes poner unas gotas de extracto de almendras amargas para dar un poco el pego… pero ojo porque como se te vaya la mano con esa vaina arruinas el dulce.
Cuando esté un poco frío –no mucho porque se queda como una piedra- lo pones entre obleas con algunas almendras enteras por dentro y, listo. Dura el tiempo que quieras.