… bien_bien no sé cómo es. No lo sé.
Yo hubiera dicho que el mole es una salsa, pero también me han dicho que mole es un guiso, quizá un guiso al que aquí llamaríamos: guisote. No sé.
Hace tiempo mi amiga Mò me regaló un tarro de una cosa dura en un frasco amarillo que ponía: mole. En mi híper de referencia también venden otros frascos que también pone: mole.
En algunos libros de cocina mejicana que tengo por casa no existe el mole como salsa, sí como guisote. Le estuve dando unas vueltas al asunto… consulté por ahí y por fin me acordé de mi libro de cocicultura mejicana de referencia: Como agua para chocolate que con Pedro Páramo –el cuento del que copia García Márquez y que va de punta a punta con el del chocolate, atención sólo para lectores formados- que son dos libritos mejicanos a los que tengo especial cariño.
El uno porque lo leí –sólo lo leí, mucho, mucho, no lo comprendí- durante eternas noches de verano velando a un moribundo que me hacía confidencias de morfina y el otro porque me lo leían, capítulo a capítulo, todas las noches de algún –a lo mejor- invierno para replicar las recetas –y los capítulos- al día siguiente. Qué bonitas historias cuentan los dos, con los muertos hablando, como la noche que vino a visitarme mi abuelita y me dijo quién era la dueña del recetario.
Puff! no me voy a ir por el Rulfo porque terminaría hecho un absoluto lío ¿cómo es posible que un libro de escasas cien páginas te deje tan estupefacto? porque malamente se saca la receta del mole de allí.
El del chocolate, además de los consejos de cocina y las recetas, que son muchas y buenas, tiene un fino hilo erótico –ya sabes que soy bastante guarrete ;) que lo hacen muy apropiado para las lecturas nocturnas en compañía.
Hacía tiempo que no agarraba ninguno de los dos, el de la Esquivel más de diez años y quizá fue para cambiarlo de estantería.
Tiene buenos consejos de cocina. Por ejemplo: para evitar llorar picando cebolla lo mejor es picarla teniendo media cebolla –sin que se te caiga- encima de la cabeza. Te garantizo que quizá llores porque te has cortado un dedo pero –también te lo garantizo- seguro que por la cebolla no vas a derramar ni una lágrima. En un folleto de cocina mejicana leí una vez que la mejor manera de pelar cebolla sin llorar es que te la pele otro –chiste fácil para polakos. En fin supongo que son diferentes filosofías de abordar el mismo problema ¿no?
Pues eso que de uno, no saqué más que la misma confusión que cuando lo leí, y del otro … bingo!!
…Mole de guajolote –pavo- con almendra y ajonjolí:
Ingredientes:
¼ de chile mulato, 3 chiles pasilla, 3 chiles anchos, un puño de almendras, un puño de ajonjolí, caldo de guajolote, un bizcocho (1/3 de concha), cacahuates [sic] ½ cebolla, vino, 2 tablillas de chocolate, anís, manteca, clavo, canela, pimienta, azúcar, semilla de los chiles y 5 dientes de ajo
Manera de hacerse:
Después de dos días de matado el guajolote, se limpia y se pone a cocer…
[…] Quince días antes de matar los guajolotes se les empieza a alimentar con nueces pequeñas…
[…]Tita tuvo mucho cuidado en cebar los guajolotes apropiadamente… el primer hijo de Pedro y Rosaura. Este acontecimiento ameritaba una gran comida con mole.
Con verdadero entusiasmo se dispuso a preparar con un día de anterioridad el mole para el bautizo. Pedro la escuchaba desde la sala –Pedro es el cuñao- experimentando una nueva sensación para él. El sonido de las ollas al chocar unas con otras, el olor de las almendras dorándose en el comal, la melodiosa voz de Tita, que cantaba mientras cocinaba, habían despertado su… Y así como los amantes saben que se aproxima el momento de una relación íntima, ante la cercanía, el olor del ser amado, o las caricias recíprocas… así esos sonidos y olores, sobre todo el del ajonjolí dorado, le anunciaban a Pedro la proximidad de …
Las almendras y el ajonjolí se tuestan en comal. Los chiles anchos, desvenados, también se tuestan, pero no mucho para que no se amarguen. Esto se tiene que hacer en una sartén aparte, pues se les pone un poco de manteca para hacerlo. Después se muelen en metate junto con las almendras y el ajonjolí.
Tita, de rodillas, inclinada sobre el metate, se movía rítmica y cadenciosamente mientras molía…
Bajo su blusa sus senos se meneaban libremente pues ella nunca usó sostén alguno. De su cuello escurrían gotas de sudor que rodaban hacia abajo… ya te puedes imaginar adónde y por dónde!
[…]Pedro, no pudiendo resistir los olores que emanaban –ja! me río yo de Janeiro- de la cocina se dirigió hacia ella…
[…] Tita levantó la vista sin dejar de moverse y sus ojos se encontraron con los de Pedro… una sola mirada, un solo movimiento rítmico y sensual, una sola respiración agitada y un mismo deseo.
[…] Pedro bajo la vista y la clavó en los senos de Tita. Ésta dejó de moler, se enderezó y orgullosamente irguió su pecho… ya nada volvería a ser igual. Tita supo en carne propia por qué el contacto con el fuego altera los elementos, por qué un pedazo de masa se convierte en tortilla, por qué un pecho sin haber pasado por el fuego del amor es un pecho inerte, una bola de masa sin ninguna utilidad. En sólo unos instantes… los senos de Tita, de castos a voluptuosos, sin necesidad de tocarlos.
[…] Tita, con manos temblorosas, trató de continuar con la elaboración del mole como si nada hubiera pasado.
Cuando ya están bien molidas las almendras y el ajonjolí, se mezclan con el caldo donde se coció el guajolote y se le agrega sal al gusto. En un molcajete se muelen el clavo, la canela, el anís, la pimienta y, por último, el bizcocho, que anteriormente se ha puesto a freír en manteca junto con la cebolla picada y el ajo.
En seguida se mezclan con el vino y se incorporan.
[…] Tita se esmeraba con angustia en cocinar cada día mejor. Desesperada, por la noches, obviamente después de tejer un buen tramo de su colcha –joer, como Penélope- inventaba una nueva receta con la intención de recuperar la relación que entre ella y Pedro había surgido a través de la comida –eso ya me lo dijo una vez mi amiga B: que esto de los blogs da para mucho- De esta época de sufrimiento nacieron sus mejores recetas.
Y así como un poeta juega con las palabras, así ella jugaba con los ingredientes y con las cantidades… Pero nada todos sus esfuerzos eran en vano.
[…] Qué sola se sintió Tita en esa época.
[…] mezclando en una olla de barro grande todos los ingredientes del mole.
Éste es el último paso y se realiza cuando ya se tienen todos los ingredientes molidos tal y como se indicó. Se mezclan en una olla, se le añaden las piezas de guajolote, las tablillas de chocolate y azúcar al gusto. En cuanto espesa, se retira del fuego.
Pues así –más o menos- es la vaina y así –más o menos- lo hice yo. No digo los chiles que usé porque seguro que pasa por aquí alguna mejicana y me dice que usar tal o cual guindilla es como echarle comino al arroz con leche ja, ja, ja, ja!!
Esta mañana un lector del blog me echaba una cariñosa bronca por poner pocas fotos… pero colega hay cosas que no se pueden fotografiar… eso, por ejemplo, del sudor por el canalillo de tu novia a ver como lo fotografías ¿no? :))
Resultado: no sé muy bien si el mole es el guiso o la salsa. Tengo la sensación de que es más guiso que salsa y que lo que venden en tarros es tipo pastillas de Avecrem® pero, pero, pero, ni idea.
Bueno lo que sale es una pasta muy espesa, picante, anisada y muy especiada.
Como no tenía pavo para el guiso lo hice con caldo de cocido y le añadí unas judías rojas. Había comprando frijoles negros en el Hipercor –marca Goya- muy habituales en Centroamérica pero los devolví porque estaban llenos de gusanos :(( así que le metí las alubias rojas que se ven en las fotos.
El plato es para conserva, me he comido un frasco y estaban estupendas. Justo en su punto, sabor a cacao y picantitas.
Para hacerlas van al frasco remojadas y en crudo con el mole disuelto. No llenes los frascos hasta arriba porque las judías se hinchan un poco en la cocción.
Para la conserva te ruego que leas los otros post de cómo hacer -haz click en el link conservas a la derecha- conservas no dulces ni ácidas porque éstas, en concreto, son muy riesgosas de criar botulismo. Vete con cuidado con la esterilización, no menos de una hora en una olla exprés.
Besos.
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